Reglas de las citas militares

Estimados amigos, las Reglas han sido actualizadas de nuevo, en específico en los siguientes puntos: 4.7. No se permiten mensajes con publicidad comercial, excepto pertenencias propias de los mismos foristas, relacionadas con la temática militar del Foro (como libros, maquetas), y siempre que cumplan con la regla 4.11 (no venta de armas). „La patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas, ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene. La tropa debe ser tanto más virtuosa y honesta, cuanto es creada para conservar el orden de los pueblos, afianzar el poder de las leyes y ... Por ello y como síntesis de este artículo, te propongo tres reglas básicas que deberás. 4 Abr Tres citas son todo lo que necesito. Tres citas y estarás aquí, el puesto más alto en la ronda de las medallas, donde 8 de cada 10 mujeres creen que el primer beso les dará todo lo que necesitan saber sobre una relación. al ofrecerle información precisa sobre las leyes de tránsito, imágenes claras de letreros viales, ejemplos de situaciones ... Oficinas de licencias para conducir con citas ... Militares: • El conductor de un vehículo oficial de EE.UU. o un vehículo de servicio militar puede conducir un vehículo sin 28-may-2019 - Explora el tablero de santiago javier miranda jovell 'Citas militares' en Pinterest. Ver más ideas sobre Citas militares, Frases militares, Soldados frases. 07-jun-2019 - Explora el tablero de Edilberto Del Cid Acosta 'Citas Militares' en Pinterest. Ver más ideas sobre Citas militares, Frases de napoleon, Frases de napoleon bonaparte. 1. Notas al pieLa Redacción de la International Review solicita a los autores que las notas al pie de página sean lo más reducidas posible, en cantidad y en longitud, y que las incluyan sólo cuando éstas faciliten la comprensión del texto, dan cuenta de las fuentes utilizadas y tengan un interés bibliográfico considerable.La nota al pie sirve para indicar la fuente de una cita 29-jun-2019 - Explora el tablero 'frases militares' de fran legaz, que 293 personas siguen en Pinterest. Ver más ideas sobre Frases militares, Frases, Frases motivadoras. En primer lugar, nos muestra las reglas generales del formato que incluyen as- de los distintos tipos de citas como las directas (bloques y normales) y las “La familia, la escuela, el ejército, la fábrica no son ya más centros ana-. dirección de asistencia al personal del ejército de weebly: citas. diccionario de citas de la música y los músicos Ian Crofton, Donald Fraser J) «Las ... A medida que la popularidad de Internet sigue creciendo y la era electrónica de la comunicación se convierte en la forma más popular de comunicarse, de citas ha tomado infinitas posibilidades. sitios de citas militares son sólo otra forma para que las personas se reúnen a su pareja perfecta por el estrechamiento de la búsqueda a un grupo mucho más pequeño de personas de mentalidad ...

Viçens Navarro: El desvergonzado partidismo y sectarismo de "El País". Este tipo de comportamiento de sectarismo aparece también abusivamente en su cobertura del partido Podemos y de la coalición Unidos Podemos, y que ahora incluye también.... al Sr. Pedro Sánchez

2016.10.20 11:19 EDUARDOMOLINA Viçens Navarro: El desvergonzado partidismo y sectarismo de "El País". Este tipo de comportamiento de sectarismo aparece también abusivamente en su cobertura del partido Podemos y de la coalición Unidos Podemos, y que ahora incluye también.... al Sr. Pedro Sánchez

http://blogs.publico.es/dominiopublico/18208/el-desvergonzado-partidismo-y-sectarismo-de-el-pais/
"Bajo la dirección de Antonio Caño, que fue en su día el corresponsal de El País en EEUU (ver mi artículo “El sesgo profundamente derechista de Antonio Caño, el nuevo director de El País”, Público, 24.02.14), el diario ha alcanzado unos niveles de partidismo derechista que no tienen nada que envidiar al partidismo exagerado que muestran rotativos como La Razón y el ABC, periódicos que representan muy bien la escasa calidad y manipulación que caracterizan a la derecha española (que en el espectro político actual en la Unión Europea correspondería a la ultraderecha). Ni que decir tiene que hay columnistas y colaboradores de gran valía en tal periódico, con orientación progresista. Pero, además de ser una pequeña minoría entre los colaboradores y articulistas de este medio, ahora guardan un silencio ensordecedor frente a dicho sectarismo, y falta de profesionalidad, lo que parece reflejar un temor a la disidencia en un ambiente profesional con escasísima diversidad intelectual donde se excluyen sistemáticamente posturas críticas con sensibilidad de izquierdas. El “anti-izquierdismo” de El País alcanza niveles semejantes al del Daily Telegraph en el Reino Unido, o al del Wall Street Journal en EEUU. Con su abusiva manipulación y vulgar estilo (generalizado en la cultura de mala leche que caracteriza a la derecha en este país), intenta destruir a aquel a quien El País considera que es su adversario (mejor dicho, y tal como lo proyecta tal rotativo, su enemigo). Permítanme varios ejemplos.
La excesiva utilización y manipulación de un inexistente antiamericanismo
El columnista Xavier Vidal-Folch, que escribe frecuentemente sobre temas económicos, firmó un artículo (“Última oportunidad”, El País, 26.09.16) a favor del Tratado de Libre Comercio entre EEUU y la UE en el que definió a los que se oponían a dicho tratado como “antiamericanos” (con lo cual quería decir antiestadounidenses, pues la mayoría de americanos viven en el sur y centro de las Américas, no en el norte), acompañando predeciblemente esta definición con toda una serie de insultos y sarcasmos que, por desgracia, son costumbre en este columnista (al cual, por cierto, solía leer en tiempos pasados, pero lo hago con menos frecuencia desde que su estilo y narrativa han cambiado bajo la nueva dirección del diario). Según tal definición de “antiamericanismo”, nos encontramos con que la mayoría del pueblo estadounidense, así como la mayoría de sindicatos de EEUU, además de los dos candidatos a la presidencia de EEUU, el Sr. Trump, candidato del Partido Republicano, y la Sra. Hillary Clinton, candidata del Partido Demócrata, son, todos ellos, “antiamericanos”, pues todos ellos están en contra de tal tratado (la Sra. Clinton pasó de apoyarlo cuando fue Secretaria de Estado -equivalente a Ministro de Asuntos Exteriores- del gobierno Obama, a distanciarse ahora durante la campaña electoral). Lo que este articulista está haciendo es lo que siempre han hecho las derechas de cualquier país, confundiendo al Estado con el país. De ahí que definan a los movimientos (por regla general de izquierdas) que se oponen a las políticas públicas promovidasy/o llevadas a cabo por el gobierno federal de EEUU como antiestadounidenses, aun cuando muchas de tales políticas públicas cuenten también con la oposición y desaprobación de la mayoría de la ciudadanía estadounidense.
En realidad, el desconocimiento de EEUU de tal columnista es sorprendente. En otro artículo reciente, “Nostalgia de Obama” (17.10.16), en alabanza del Presidente de EEUU indicaba que uno de sus méritos había sido poner fin “al militarismo imperial de Cuba” (cita directa del artículo), afirmación que se espera de los Eduardo Inda de este país, pero que considero lamentable leer en las páginas de El País. Cualquier observador, mínimamente objetivo, de la política exterior de Cuba, puede ver que su ayuda exterior no es en materia militar, sino en causas humanitarias (ayuda en las regiones del ébola en África, en el huracán en Haití, y en muchos otros lugares del mundo), ayuda que ha sido ejemplar, como es ampliamente reconocido, incluso por el propio Presidente Obama (cuyo Estado federal, por cierto, tiene bases militares por todo el mundo) y por el Secretario de Estado de EEUU, el Sr. Kerry. La cantidad y calidad de tal ayuda, con el compromiso ejemplar de los profesionales sanitarios que participan en ello, ha sido alabada extensamente, incluso por voces conservadoras capaces de ser objetivas.
La demonización de Pedro Sánchez (ahora) y de Pablo Iglesias (siempre)
Este tipo de comportamiento de sectarismo aparece también abusivamente en su cobertura del partido Podemos y de la coalición Unidos Podemos, y que ahora incluye también al hasta hace poco Secretario General del PSOE, el Sr. Pedro Sánchez. Sus reportajes tienen como objetivo no ya criticar, sino destruir a los dirigentes de partidos políticos que son considerados adversarios (perdón, enemigos). Uno de los últimos editoriales de El País sobre Pedro Sánchez (“Salvar al PSOE”, 29.09.16) alcanzaba unos niveles de insulto y sectarismo que se reproducen constantemente, en este rotativo y otros medios del Sr. Juan Luis Cebrián, en la cobertura del Secretario General de Podemos, el Sr. Pablo Iglesias. En aquel editorial se utilizan todo tipo de adjetivos insultantes, acusándole de no haber dimitido (antes de que lo hiciera), por haber sido, supuestamente, responsable de la caída de votos socialistas en Galicia y en el País Vasco. Esta personalización de responsabilidades, exigiendo la dimisión de Sánchez como consecuencia del descenso electoral del PSOE, contrasta con los editoriales que escriben a favor de la Sra. Susana Díaz, Presidenta del Gobierno Andaluz, bajo cuyo mandato el PSOE ha alcanzado el apoyo electoral (en porcentaje de votos) más bajo conocido en Andalucía.
En realidad, este retroceso del PSOE viene ya de muy lejos y se debe a su conversión al neoliberalismo, conversión que fue alentada y apoyada por el propio El País, uno de los rotativos españoles que ha promovido más intensamente esta ideología neoliberal, cuya aplicación por parte de sucesivos gobiernos españoles (gobierno Zapatero y gobierno Rajoy) ha sido sumamente perjudicial para el bienestar de las clases populares de este país. No es, pues, de extrañar que tales clases hayan ido abandonando su apoyo al PSOE. Las responsabilidades de tal retroceso electoral son muchas, incluyendo las del propio rotativo que sistemáticamente, en su campaña propagandística a favor de las políticas neoliberales promovidas por el establishment financiero-político y mediático europeo, excluye a economistas españoles de sus páginas de opinión que cuestionan la sabiduría convencional neoliberal que el diario promueve.
La mentira y manipulación como táctica del rotativo
Pero, por si el editorial citado anteriormente no fuera poco, el responsable de Opinión de El País, el Sr. José Ignacio Torreblanca (responsable de la exclusión de voces críticas en tal sección), escribió hace unos días un artículo en el que, de nuevo, insulta a aquellos que responsabilizan a los barones del PSOE, incluido Felipe González, de oponerse a la alianza PSOE-Podemos prefiriendo, en su lugar, la continuación del gobierno Rajoy. Torreblanca indica, como dicen los barones, que no hay alternativa posible a Rajoy, pues las izquierdas no suman ahora, ni sumaron en 2015, los escaños suficientes para permitir una alternativa de izquierdas. Concluye, pues, como también concluye el editorial de El País del mismo día, que Sánchez está llevando “al PSOE al abismo por la quimera de querer pactar con un Podemos que no quiere pactar con él” (el subrayado es mío) (ver el artículo “Quimeras“, El País, 29.09.16).
Este personaje está mintiendo (y él lo sabe), pues es a todas luces visible y público que Podemos, tanto en 2015 como en 2016, expresó su deseo de pactar con el PSOE. Fueron los barones del PSOE y el propio El País los que no quisieron, y solo permitieron que se abriera esta posibilidad una vez el PSOE pactara primero con Ciudadanos, estableciendo una dinámica que sabían a priori que sería muy difícil para Podemos poder aceptarla. El frente PSOE- Ciudadanos representaba una alianza hostil a la plurinacionalidad de España, defendida por Podemos, cuya estructura casi federal incluye fuerzas claramente opuestas a la visión uninacional de dicho frente. Es más, el pacto entre el PSOE y Ciudadanos mantenía elementos claves del neoliberalismo imperante. Si el PSOE hubiera estado interesado en explorar alternativas, lo lógico es que se hubiera sentado para pactar con Podemos, y no con Ciudadanos; y luego, conjuntamente, explorar alianzas con otros partidos.
Y lo mismo está ocurriendo ahora, en 2016. La diferencia en este momento es que una vez vistas las intenciones reales de Ciudadanos (que siempre incluyó gobernar con el PP), Pedro Sánchez estaba dispuesto a pactar con Unidos Podemos -UP- (lo cual tenía que haber hecho ya en 2015). Y Unidos Podemos había invitado a Pedro Sánchez a explorar una alternativa al gobierno Rajoy liderada por una alianza PSOE-UP. El País y sus portavoces sabían de ello (pues era pública la invitación de Pablo Iglesias a Pedro Sánchez) y mienten a sabiendas. La alianza PSOE-Unidos Podemos podía haber conseguido el apoyo de los otros partidos que han indicado y expresado su deseo de que desplacen del gobierno al partido gobernante más corrupto de Europa. Pero El País jamás lo permitió. Con una actitud apostólica, digna de la mejor causa, mintió, manipuló, insultó e intentó destruir a los que el Sr. Cebrián considera sus enemigos (a los cuales, además, su diario define como anti España). Y a este comportamiento lo definen como democrático y defensor de la libertad de prensa, todo ello sumamente predecible.
Las manipuladoras encuestas de EL PAÍS
Y semejante manipulación aparece también en las encuestas que periódicamente publica El País, haciendo siempre coincidir sus resultados con los deseados por la dirección del diario, confirmando sus tesis. En realidad, en el artículo que el director de la compañía que realiza las encuestas de El País (el Sr. Toharia) escribió acompañando la publicación de la última encuesta, este dejó cualquier atisbo de objetividad en su descripción de los resultados de la encuesta, saltando ya directamente a proponer los cambios políticos que también proponía la línea editorial, que coincide con la propuesta del aparato y barones (pero no de la militancia) del PSOE, representados, por cierto, por el Sr. Felipe González y el Sr. Rubalcaba, conocidos barones de este partido, que se sientan en el Consejo Editorial de El País (José Juan Toharia, “Tocado, pero no hundido”, El País, 16.10.16).
La obsesión enfermiza contra Pablo Iglesias
El País, como la mayoría de medios de información y persuasión españoles, tiene una obsesión enfermiza contra el Secretario General de Podemos, el Sr. Pablo Iglesias, que alcanza dimensiones delirantes en editoriales como el titulado “Iglesias desatado” (18.10.16), en el que se presenta la supuesta batalla entre Errejón (sobre quien El País había mentido indicando que deseaba desbancar a Iglesias como Secretario General) y Pablo Iglesias como si la hubiera ganado este último, habiendo abandonando de forma oportunista la socialdemocracia para convertirse al allendismo. Tengo que admitir que tuve que leer este editorial dos veces, pues me era difícil aceptar que el que escribió tal editorial pudiera ser tan ignorante, pues, por lo visto, desconocía que el gobierno de Unidad Popular (presidido por Allende), al cual tuve el enorme privilegio de asesorar, era socialdemócrata, intentando desarrollar el socialismo a través de la vía democrática, proyecto que el aparato del PSOE (pero no su militancia) habían y continúan abandonando.
Última observación: ¿hasta cuándo este silencio ensordecedor?
Para los que habíamos colaborado hace ya tiempo con El País y teníamos esperanzas de que podría ser un rotativo que rompiera con el enorme conservadurismo de los medios en España, nos entristece que se haya convertido en uno de sus mayores puntales, presentando, editorial tras editorial, y encuesta tras encuesta, el anti-izquierdismo que tipifica a la gran mayoría de los medios, convirtiendo España en una dictadura mediática. Y mientras, nos debemos preguntar ¿Hasta cuándo las voces auténticamente democráticas dentro del rotativo permanecerán calladas? ¿Cuándo romperán su silencio ensordecedor? Ya va siendo hora de que, de la misma manera que hubo periodistas e intelectuales durante la dictadura que protestaron por la manipulación de la prensa y televisión durante aquel régimen, existan ahora voces semejantes que protesten frente a la dictadura mediática que este país está sufriendo.
Una última nota. Las voces críticas, por desgracia, no tienen acceso a los grandes medios. De ahí que tenga que hacer el ruego de que el lector comprometido con la libertad de expresión necesaria pero no existente en este país, distribuya extensamente este artículo. Gracias."
submitted by EDUARDOMOLINA to podemos [link] [comments]


2016.07.06 09:56 EDUARDOMOLINA Jesús Maraña. Hasta la investidura y más allá. El único suspense se refiere al tamaño de la herida que la investidura puede causar en el PSOE y Podemos descubra si es capaz de ocupar el espacio socialdemócrata o se queda en un extremo del tablero.

http://www.infolibre.es/noticias/opinion/2016/07/06/hasta_investidura_mas_alla_52127_1023.html
"Se ha estrenado este martes el primer acto de una larga función política cuyo desenlace (salvo sorpresa mayúscula) es conocido por todos, tanto actores como espectadores: Mariano Rajoy será investido presidente del Gobierno este verano. El único suspense se refiere al tamaño de la herida que la investidura puede causar en el PSOE o en algún otro partido, a quienes se traslada la responsabilidad de sostener el funcionamiento de la democracia por parte de quienes, precisamente, han llevado el sistema al borde del colapso. Las fuentes más fiables y mejor informadas (si es que queda alguna que verdaderamente lo esté) apuestan por una legislatura corta, de dos años, poco fecunda en leyes pero inevitable para que PP y PSOE aborden una renovación interna de calado y Podemos descubra si es capaz de ocupar el espacio socialdemócrata o se queda en un extremo del tablero.
Pongamos en orden unas cuantas notas acumuladas desde el 26J hasta hoy:
Las etapas políticas sólo pueden analizarse con algún fundamento desde la perspectiva que otorga el tiempo. Si levantamos la vista por encima del muro que supone la investidura pendiente, sólo podemos atisbar una nueva fase en la que necesariamente se producirán nuevos terremotos políticos. Entre otras razones porque siguen pendientes, por muy diferentes razones, en el PP y en el PSOE.
En el caso de los socialistas, Pedro Sánchez consiguió esquivar el mal resultado del 20D y aplazar el Congreso Federal; ni Felipe González ni Joaquín Almunia ni Alfredo Pérez Rubalcaba pudieron sostenerse en la secretaría general acumulando derrotas. Sánchez pretende seguir al frente con el argumento de que a él le ha tocado afrontar el tsunami de Podemos. La socialdemocracia necesita liderazgos sólidos casi tanto como una hoja de ruta que dé respuestas solventes al discurso único del neoliberalismo y a la complejidad de los problemas causados por la globalización (muy especialmente la gran brecha de la desigualdad).
En el caso del PP, cometería el error más grave si insiste en utilizar el triunfo del 26J como una especie de lavadora de todos sus pecados. La salud democrática no debe aceptarlo, ni a medio plazo lo resistiría. En El hada democrática, un ensayo tan lúcido como provocador, el pensador italiano Raffaele Simone advierte que “el paradigma democrático debería contener reglas no sólo para favorecer el acceso al poder sino también para expeler a cuantos hayan echado raíces en él”. Es obvio que Rajoy ha echado raíces en el poder, al que lleva décadas encaramado, en compañía además de personajes tan fiables como Luis Bárcenas o Jorge Fernández Díaz. En Reino Unido los cargos políticos dimiten ante el más mínimo tropiezo (incluso lo hacen cuando ganan de mala manera, como les ha ocurrido a los voceros del Brexit). Aquí, por costumbre quizás derivada de nuestro pasado autoritario, monárquico y militar, no dimite ni dios. Ni una jefa antifraude a cuyo marido investigan (precisamente) por fraude, ni un ministro del Interior grabado conspirando contra adversarios políticos… Prefieren esperar a ser destituidos, si fuera posible como en el franquismo, con “agradecimiento por los servicios prestados”, o mejor aún, con una embajada.
Aquí las destituciones son decididas (o no) por un presidente que enviaba mensajes de apoyo a su tesorero cuando ya se sabía que éste tenía cuentas millonarias en Suiza. Un presidente que se siente refrendado, incluso regenerado, por las urnas. Si ha sido capaz de resistir tantos “tropiezos”, aún intentará manejar su propio relevo en el PP con la calma que acostumbra, y con el BOE (y la hucha de las pensiones) en sus manos. Al final volvemos a Unamuno: "Es inútil callar la verdad. Todos estamos mintiendo al hablar de regeneración, puesto que nadie piensa en serio en regenerarse a sí mismo"."
submitted by EDUARDOMOLINA to podemos [link] [comments]


2016.06.07 03:37 ShaunaDorothy Notas críticas sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético (Noviembre de 2015)

https://archive.is/QazK6
Espartaco No. 44 Noviembre de 2015
Notas críticas sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético
Por Joseph Seymour
A continuación publicamos, ligeramente editado, un documento de Joseph Seymour, miembro del Comité Central de la Spartacist League. El documento, fechado el 14 de marzo de 2009, fue una contribución a las discusiones y debates que precedieron a la XIII Conferencia Nacional de la Spartacist League/U.S., sección de la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista), ese mismo año y se publicó originalmente en Workers Vanguard No. 949 (1° de enero de 2010).
En el pleno de nuestro Comité Ejecutivo Internacional, celebrado a principios de 2008, hubo una discusión y, creo, diferencias incipientes en torno al contenido del término “muerte del comunismo”, lo cual es clave para entender las condiciones político-ideológicas del mundo postsoviético. En ese entonces, yo argumenté:
“Una cuestión importante al discutir el trabajo en Sudáfrica y México...es si estos países —se ha mencionado a China y Grecia— son una excepción a lo que hemos llamado el ‘retroceso en la conciencia’ y la ideología de la ‘muerte del comunismo’, y en qué sentido lo son. Pero el concepto de excepción implica una norma. Así que, ¿cuál es esa norma? La abrumadora mayoría de nuestra tendencia se ubica en los países capitalistas-imperialistas avanzados de Europa Occidental y Norteamérica... Es aquí donde todos los días, de manera generalizada, encontramos la ideología de la ‘muerte del comunismo’. Y creo que esto ha determinado un cierto entendimiento parcial y deformado de las delineaciones y divisiones políticas radicalmente modificadas en todo el mundo.
“Casi cada vez que usamos el término ‘muerte del comunismo’ lo vinculamos al triunfalismo burgués. No nos referimos al triunfalismo de la burguesía de la India, Egipto o Brasil. Nos referimos al triunfalismo de la burguesía imperialista occidental, principalmente la estadounidense. Pero el escepticismo respecto a la posibilidad de una sociedad comunista internacional futura —y esto es el núcleo de la ‘muerte del comunismo’— en los países del Tercer Mundo no puede identificarse con el triunfalismo y la dominación del imperialismo estadounidense. Más bien, nos encontramos con un ascenso, bastante significativo y con amplias bases de apoyo, de movimientos político-ideológicos que se presentan como oponentes del triunfalismo imperialista estadounidense. El ejemplo más obvio es, claro, el populismo nacionalista latinoamericano ejemplificado por Hugo Chávez. Pero también encontramos el mismo fenómeno en un sentido muy derechista, que es el ascenso del fundamentalismo islámico antioccidental en los países del Medio Oriente. Osama bin Laden, Hugo Chávez, Tony Blair, Bill Clinton: todos ellos representan la ‘muerte del comunismo’ de diversos modos y en diversos contextos nacionales”.
El núcleo de la “muerte del comunismo” es precisamente ése: un escepticismo respecto a la posibilidad de una civilización comunista global en el sentido marxista. Eso es un terreno común básico que comparten diversas tendencias políticas que a veces tienen actitudes fuertemente hostiles al imperialismo occidental, la democracia parlamentaria, la economía capitalista de mercado y otras cuestiones controvertidas (como la degradación ambiental), que separan a la izquierda de la derecha en el sentido convencional de estos términos.
Para asegurarme de que todos tenemos un entendimiento común de los términos, voy a reafirmar brevemente las principales características que tendría una sociedad plenamente comunista a escala global. La escasez económica ha sido superada, por lo que ha podido eliminarse el trabajo asalariado (“de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades”). El trabajo enajenado ha sido remplazado por trabajo creativo, científico y cultural (Marx alguna vez usó la composición musical como ejemplo de esto). El estado se ha extinguido de manera que, en palabras de Engels, el gobierno sobre los hombres ha dado paso a la administración de las cosas. Las afiliaciones racial, nacional y étnica han desaparecido mediante una extensa procreación interétnica y la movilidad global (“el género humano es la Internacional”). La familia ha sido remplazada por instituciones colectivas para el trabajo doméstico, la crianza y la socialización de los niños.
La abrumadora mayoría de quienes se consideran izquierdistas y pasan de los 40 o 50 años, consideran que una sociedad futura como la que describí es utópica. La abrumadora mayoría de los izquierdistas más jóvenes, representados, por ejemplo, por el medio de los “foros sociales”, para todo propósito práctico desconocen el concepto marxista de la civilización comunista global y son indiferentes a él. Sus preocupaciones son defensivas y minimalistas: apoyar los derechos democráticos de los pueblos oprimidos (por ejemplo, los palestinos), detener el desmantelamiento del “estado del bienestar” en Europa Occidental o impedir que el medio ambiente se siga degradando (calentamiento global).
Voy a replantear mi argumento haciendo referencia a El estado y la revolución de Lenin. Cuando esta obra se publicó en 1918 y en las décadas subsecuentes, la principal diferencia entre los marxistas revolucionarios y las demás tendencias de izquierda tenía que ver con el tema que se discute en el capítulo I (“La sociedad de clases y el estado”). Ahí, Lenin afirma concisamente:
“La doctrina de Marx y Engels sobre la ineluctabilidad de la revolución violenta se refiere al estado burgués. Éste no puede ser sustituido por el estado proletario (por la dictadura del proletariado) mediante la ‘extinción’, sino sólo, como regla general, mediante la revolución violenta” [énfasis en el original].
En el periodo postsoviético, la diferencia más fundamental entre nosotros y las demás tendencias de la izquierda tiene que ver con el tema que se discute en el capítulo V (“Las bases económicas de la extinción del estado”) y que se explica concisamente en el siguiente pasaje:
“La base económica de la extinción completa del estado significa un desarrollo tan elevado del comunismo que en él desaparece la oposición entre el trabajo intelectual y el manual. En consecuencia, deja de existir una de las fuentes más importantes de la desigualdad social contemporánea, una fuente que en modo alguno puede ser suprimida de golpe por el solo hecho de que los medios de producción pasen a ser propiedad social, por la sola expropiación de los capitalistas.
“Esta expropiación dará la posibilidad de desarrollar las fuerzas productivas en proporciones gigantescas. Y al ver cómo retrasa el capitalismo ya hoy, de modo increíble, este desarrollo y cuánto podríamos avanzar sobre la base de la técnica moderna ya lograda, tenemos derecho a decir con la mayor certidumbre que la expropiación de los capitalistas originará inevitablemente un desarrollo gigantesco de las fuerzas productivas de la sociedad humana” [énfasis en el original].
La generación postsoviética de activistas de izquierda no puede entender fácilmente las ideas expuestas arriba porque no ha pensado en ellas.
El triunfalismo del imperialismo estadounidense no es el problema
Si bien la claridad sobre la cuestión de la “muerte del comunismo” no bastará para resolver nuestros problemas, la continua confusión a este respecto sí contribuirá a agravarlos. El no reconocer la diferencia más fundamental que nos separa del resto de la izquierda —el hecho de que no compartimos un mismo fin último— ha sido un importante factor subyacente en los recurrentes problemas políticos del partido.
Cuando aún era editor de Workers Vanguard, Jan Norden [actualmente del centrista Grupo Internacionalista] consideraba, de manera consciente y sistemática, que la “muerte del comunismo” era principalmente una expresión del triunfalismo del imperialismo estadounidense. De ahí que creyera que el levantamiento zapatista de los empobrecidos campesinos indígenas del sur de México en 1994 sería un poderoso contragolpe que debilitaría, al menos en América Latina, el efecto ideológico de la caída de la Unión Soviética. Desde que Norden desertó de nuestra organización en 1996, ha habido una tendencia en nuestro partido a amalgamar bajo el rubro de “retroceso en la conciencia” (un término que acuñé yo en la lucha contra Norden) el escepticismo respecto a la sociedad comunista futura, el triunfalismo imperialista occidental y el reformismo socialdemócrata tradicional. Algunos camaradas han argumentado que la principal diferencia que nos separa del resto de la izquierda versa sobre si el estado capitalista puede o no reformarse, como si estuviéramos en los tiempos de Lenin contra Kautsky en la secuela inmediata de la Revolución de Octubre.
Una formulación estándar tanto en nuestra literatura pública como en nuestro discurso interno es que el efecto de la “muerte del comunismo” ha sido internacionalmente “desigual”. El término “desigual” implica que el efecto puede medirse cuantitativamente en una escala lineal: muy alto en Estados Unidos y Francia, mucho más bajo en México y Sudáfrica. Como alguna vez fui estudiante de economía académica y después fui maestro, me imagino una gráfica de barras que mide y compara, por ejemplo, la producción nacional per cápita de distintos países. Pero el efecto diferencial que tuvo internacionalmente la “muerte del comunismo” no puede entenderse de ese modo. Lo que encontramos no son distintos niveles, sino distintas formas de la ideología postsoviética.
Tomemos por caso a Rusia. Al explicar el concepto de la “muerte del comunismo”, frecuentemente usamos la formulación de que la antigua Unión Soviética es considerada, en el mejor de los casos, un “experimento fallido”. Eso en general es cierto en Europa Occidental y Norteamérica. No es tan cierto en el Tercer Mundo. Y no es cierto en absoluto en Rusia. Todo lo contrario. El sector políticamente dominante de la nueva clase capitalista rusa, representado por Vladímir Putin, considera que la Unión Soviética fue el más exitoso de los experimentos, por decirlo así, de la construcción estatal centrada en Rusia. En 2005, Putin declaró que el colapso de la Unión Soviética había sido “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX” (citado en Edward Lucas, The New Cold War: Putin’s Russia and the Threat to the West [La nueva Guerra Fría: La Rusia de Putin y la amenaza al Occidente, 2008]). Supongo que en toda la sociedad rusa está extendida una actitud similar respecto a la antigua URSS.
En los últimos años, el régimen de Putin y en general la élite rusa han querido restaurar la reputación histórica de Stalin como el gran líder de una potencia mundial dominada por Rusia en el siglo XX. El embajador ruso en la OTAN adorna su oficina con un retrato de Stalin. Un popular programa de televisión, “El nombre de Rusia”, ubicó a Stalin como uno de los cinco personajes históricos más grandes del país (Economist, 27 de noviembre de 2008). En 2007, una guía educativa de patrocinio oficial, Una historia moderna de Rusia, 1945-2006: Manual para el maestro, comparaba favorablemente a Stalin con Pedro el Grande: “Stalin siguió la lógica de Pedro el Grande: exigir lo imposible...para obtener lo máximo posible”. Luego continúa:
“Él [Stalin] es considerado uno de los líderes más exitosos de la URSS. El territorio del país llegó a los límites del viejo imperio ruso (y en algunas áreas lo sobrepasó). Se consiguió la victoria en una de las mayores guerras; la industrialización de la economía y la revolución cultural se llevaron a cabo con éxito, lo que produjo no sólo educación de masas, sino el mejor sistema educativo del mundo. La URSS llegó a ser uno de los países líderes en ciencias; el desempleo fue prácticamente derrotado”.
—citado en Lucas, The New Cold War
No precisamente la descripción de un “experimento fallido”.
En cierto modo nos es más difícil lidiar con la forma que la “muerte del comunismo” presenta en Rusia que la que tiene en Europa Occidental y Norteamérica. En estas últimas regiones, la antigua Unión Soviética todavía se identifica principalmente con el “socialismo”, no con el “imperialismo ruso”. Stalin se considera un discípulo de Marx y Engels y como tal en general se le condena. En Rusia, Stalin se considera el sucesor de Pedro el Grande y Catalina la Grande, y como tal se le ensalza. Para muchos rusos, el comunismo no ha muerto porque nunca estuvo vivo.
Incluso antes de que la severidad de la actual desaceleración económica mundial se volviera evidente el pasado otoño, el triunfalismo del “libre mercado” había dejado de ser una corriente importante en el clima de la opinión burguesa incluso en Estados Unidos. Hoy, hay voceros prominentes y respetados del capital financiero estadounidense, como el antiguo director de la Reserva Federal, Paul Volcker, que anuncian una desaceleración global profunda y prolongada. Las comparaciones con la Gran Depresión de los años 30 se han vuelto un lugar común. El alcalde tory [conservador] de Londres comentó que en estos días leer el Financial Times de esa ciudad es como frecuentar una secta suicida milenarista. Sin embargo, ninguna opinión burguesa actual se muestra preocupada por la posibilidad de revoluciones socialistas inminentes en ningún lado o la resurrección de partidos comunistas de masas que reivindiquen la tradición marxista-leninista.
De fines y medios: Un recorrido histórico
En la sección titulada “La fase superior de la sociedad comunista” del capítulo V de El estado y la revolución, Lenin escribió:
“Desde el punto de vista burgués, es fácil declarar ‘pura utopía’ semejante régimen social y burlarse diciendo que los socialistas prometen a todos el derecho a recibir de la sociedad, sin el menor control del trabajo realizado por cada ciudadano, la cantidad que deseen de trufas, automóviles, pianos, etc. Con estas burlas siguen saliendo del paso, incluso hoy, la mayoría de los ‘sabios’ burgueses, que demuestran así su ignorancia y su defensa interesada del capitalismo”.
Con el término “sabios burgueses”, Lenin se refería a los intelectuales que apoyaban y justificaban abiertamente el sistema económico capitalista. Lenin no incluía en esta categoría a los voceros ideológicos de la II Internacional (Socialista), como Karl Kautsky, que se consideraba a sí mismo un marxista ortodoxo.
Si para 1917-1918 los líderes del ala derecha de los partidos socialdemócratas de masas (como Friedrich Ebert en Alemania, Albert Thomas en Francia o Emile Vandervelde en Bélgica) seguían creyendo o no subjetivamente en una futura sociedad socialista es un asunto distinto. Lo más probable es que no. Pero ninguno de ellos repudió públicamente la meta tradicional del movimiento socialista como proyecto utópico.
Al principio de la Revolución Alemana, en noviembre de 1918, el centrista Partido Socialdemócrata Independiente puso una serie de condiciones (exigencias) a su participación en un gobierno de coalición con el Partido Socialdemócrata (SPD) sobre la base de los consejos de obreros y soldados que entonces existían. La primera de ellas era: “Alemania debe ser una república socialista”. A eso, la dirección del SPD respondió: “Esta exigencia es la meta de nuestra propia política. Sin embargo es el pueblo quien debe decidir esto a través de la asamblea constituyente” (citado en John Riddell, ed., The German Revolution and the Debate on Soviet Power: Documents, 1918-1919: Preparing the Founding Congress [La Revolución Alemana y el debate sobre el poder soviético: Documentos, 1918-1919: Preparando el congreso de fundación, 1986]). Al atacar la Revolución de Octubre y a la recién nacida Internacional Comunista, los líderes socialdemócratas condenaban principalmente la dictadura del proletariado como una violación de la democracia, que identificaban con un gobierno de tipo parlamentario elegido por sufragio universal e igual.
Aquí es útil revisar el libro Moscú bajo Lenin, unas memorias que escribiera a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta Alfred Rosmer, colega y amigo de Trotsky. Rosmer había sido anarquista y después uno de los principales intelectuales sindicalistas de Francia, antes de sumarse a la recién fundada Internacional Comunista. En estos recuerdos, Rosmer narra la reacción inicial que provocó El estado y la revolución de Lenin entre los socialdemócratas ortodoxos como Kautsky y Jean Longuet (el nieto de Marx) así como entre los anarquistas:
“Era un libro extraordinario y su destino fue singular: Lenin, marxista y socialdemócrata, era atacado por los teóricos de los partidos socialistas que invocaban el marxismo: ‘¡Eso no es marxismo!’ gritaban, es una mezcla de anarquismo, de blanquismo; ‘de blanquismo a la salsa tártara’, escribía uno de ellos para hacer una frase ingeniosa. Por el contrario, este blanquismo y su salsa eran para los revolucionarios situados fuera del marxismo ortodoxo, sindicalistas y anarquistas, una agradable revelación. Jamás un lenguaje semejante salía de las bocas de los marxistas que ellos conocían”.
Louis-Auguste Blanqui (1805-1881) fue el último de los grandes representantes de la tradición comunista jacobina originada con la Conspiración de los Iguales de Babeuf en los últimos días de la Revolución Francesa. La concepción babeufista del comunismo (desarrollada en una sociedad preindustrial) tenía que ver con la distribución y el consumo más que con la producción y la superación de la escasez económica. Sin embargo, al calificar a Lenin de “blanquista”, Kautsky, Longuet et al. no se referían a ese aspecto de la perspectiva jacobino-comunista. El “blanquismo” de Lenin era para ellos el derrocamiento insurreccional del estado capitalista organizado y dirigido por un partido revolucionario de vanguardia.
Como señala Rosmer, El estado y la revolución fue muy bien recibido entre varios anarquistas y sindicalistas, algunos de los cuales creyeron que Lenin se estaba moviendo del marxismo hacia el campo político de ellos. Sin embargo, los anarquistas más cultivados en cuestiones de doctrina entendieron que, si bien Lenin estaba de acuerdo con la necesidad de un derrocamiento insurreccional del estado burgués, todavía sostenía, e incluso enfatizaba, el programa marxista de la dictadura del proletariado como transición a una sociedad plenamente comunista. A este respecto, Rosmer cita a un anarquista alemán, Erich Mühsam, que, estando preso en 1919, escribió:
“Las tesis teóricas y prácticas de Lenin sobre la realización de la revolución y de las tareas comunistas del proletariado han dado a nuestra acción una nueva base... Ya no hay obstáculos insuperables para la unificación del proletariado revolucionario entero. Los anarquistas comunistas, ciertamente, han tenido que ceder en el punto de desacuerdo más importante entre las dos grandes tendencias del socialismo; han debido renunciar a la actitud negativa de Bakunin ante la dictadura del proletariado y rendirse en este punto a la opinión de Marx”.
Para Mühsam, el “desacuerdo” entre Bakunin y Marx respecto a la dictadura del proletariado tenía que ver con el medio de llegar a un fin último que ambos compartían: una sociedad igualitaria sin clases y sin estado.
Todos sabemos que en una polémica política las ideas y posiciones que no se discuten son, a su modo, tan importantes como las que se discuten. Uno no discute contra posiciones que el oponente no sostiene y especialmente donde hay un terreno común. Por ejemplo, al polemizar contra liberales negros o izquierdistas radicales en Estados Unidos, no refutamos la falsa noción que exponen algunos racistas de derecha de que los negros son “inferiores” a los blancos. En 1918-1920, Lenin y Trotsky escribieron sendos libros polémicos contra Kautsky. En ningún lado de La revolución proletaria y el renegado Kautsky como tampoco en Terrorismo y comunismo se argumenta contra la posición de que la sociedad comunista en el sentido marxista sea algo utópico, pues Kautsky no defendía tal posición.
Adelantémonos hasta finales de los años treinta, cuando el movimiento comunista internacional estaba ya totalmente estalinizado. Consideremos específicamente al joven Maxime Rodinson, un intelectual judío francés que luego se convertiría en un prominente académico de izquierda especializado en el Medio Oriente y la sociedad islámica. En un ensayo de 1981 titulado “Autocrítica”, Rodinson recordó cuál fue el estado de espíritu que lo llevó a ingresar al Partido Comunista Francés en 1937 (al cual abandonó en 1958):
“La adhesión al comunismo implicaba, e implica todavía, comprometerse con una lucha que supuestamente le permitirá a la humanidad realizar un salto esencial y eminentemente benéfico: acabar con un sistema que permanentemente produce pobreza y crimen, que subyuga y condena a millones de personas a lo largo del mundo a una vida atroz o incluso a la muerte. La intención es crear una humanidad liberada en la que todos puedan florecer hasta donde se los permita su potencial, en la que el colectivo de seres libres controle la administración sobre las cosas y establezca el mínimo indispensable de reglas para armonizar las relaciones entre los seres humanos”.
—Cult, Ghetto, and State: The Persistence of the Jewish Question (Culto, gueto y estado: La persistencia de la cuestión judía, 1983)
Como intelectual, Rodinson podía articular las metas liberadoras del marxismo mejor que los muchos millones de obreros jóvenes que ingresaron a los partidos comunistas de Francia e Italia, la India y Vietnam y otros lugares durante la era de Stalin. Sin embargo, muchos de esos obreros —aunque ciertamente no todos— también estaban motivados por una visión del futuro de liberación social multilateral. No consideraban a los partidos comunistas como meras agencias políticas para defender y promover sus intereses económicos o sociales (por ejemplo, nacionales) dentro del sistema capitalista-imperialista existente.
En general, los obreros políticamente avanzados y los intelectuales izquierdistas que apoyaban a los partidos socialdemócratas de masas no compartían la concepción marxista de una sociedad genuinamente comunista. Pero ellos también aspiraban a una sociedad radicalmente diferente y mejor que la presente. En 1961, un intelectual socialdemócrata de izquierda, el británico Ralph Miliband, publicó un libro altamente crítico del Partido Laborista titulado Parliamentary Socialism: A Study of the Politics of Labour [Socialismo parlamentario: Un estudio de la política del laborismo]. El libro apareció en la secuela inmediata de un intento fallido por parte de los líderes del ala derecha del partido por deshacerse de la Cláusula IV de la constitución partidista de 1918. La Cláusula IV en general se consideraba el programa máximo del Partido Laborista: “Asegurar a los trabajadores manuales e intelectuales la plenitud de los frutos de su industria y la más equitativa distribución de todo cuanto sea posible, sobre la base de la propiedad común de los medios de producción, distribución e intercambio”. Al describir la batalla sobre la Cláusula IV que tuvo lugar en 1959-1960, Miliband escribió: “Ante la violenta resistencia [por parte de las bases obreras del partido] que encontró, la propuesta tuvo que abandonarse”. Para los años 80, ya nadie hubiera usado el término “socialismo parlamentario” para encapsular el programa o incluso la doctrina oficial del Partido Laborista británico. Y, en 1995, la Cláusula IV fue suprimida del programa formal del partido en una conferencia especial, pese a la oposición de algunos de los grandes sindicatos.
De principios a mediados de los años 60, hubo en Estados Unidos una radicalización de izquierda entre la juventud estudiantil y algunos intelectuales de mayor edad. Una expresión institucionalizada de esto fue la Conferencia de Académicos Socialistas que se celebraba anualmente en la ciudad de Nueva York. En 1966, los organizadores de la conferencia invitaron al historiador marxista Isaac Deutscher a dar una presentación sobre el “hombre socialista”. En esa época, el carácter cultural y sicológico de una sociedad verdaderamente socialista era un asunto de vivo interés entre los jóvenes intelectuales izquierdistas no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. Por ejemplo, a principios de los años 60, el Ché Guevara escribía sobre la eliminación del trabajo enajenado en la Cuba “socialista”. Para un análisis retrospectivo del pensamiento de Guevara a este respecto, ver: “‘Radical Egalitarian’ Stalinism: A Post Mortem” [Estalinismo “igualitario radical”: Un post mortem] en Spartacist [Edición en inglés] No. 25 (verano de 1978). En su presentación sobre el “hombre socialista”, Deutscher tocó diversos puntos en los que la generación postsoviética de activistas de izquierda no está pensando en absoluto.
Huntington contra Fukuyama, otra vez
Empecé a desarrollar mis pensamientos sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético principalmente durante las discusiones informales que tuve con Norden entre 1991 y su salida de nuestra organización en 1996. Como ya se ha señalado, Norden identificaba la “muerte del comunismo” principalmente como una expresión del triunfalismo imperialista estadounidense. Así, él solía ligar ese término con la fórmula de un “nuevo orden mundial”, que George Bush había proclamado en el momento de la Guerra del Golfo de 1991 contra Irak. Norden creía que el que el cuerpo central de la dirección de nuestra tendencia hubiera reconocido que el carácter del periodo postsoviético estaba marcado por un retroceso histórico en la conciencia de la clase obrera internacionalmente era una capitulación a las presiones del triunfalismo imperialista estadounidense.
La forma en que Norden enfocaba esta cuestión estaba influenciada por las opiniones del intelectual de derecha estadounidense (entonces neoconservador) Francis Fukuyama, que declaró que el colapsó del bloque soviético había marcado “el fin de la historia”. Una versión sobresimplificada de la tesis del “fin de la historia” de Fukuyama llegó a ser muy conocida entre lo que podría llamarse el público educado estadounidense, el tipo de gente que está suscrito al New York Review of Books y ocasionalmente lee el Foreign Affairs. No sé si Norden leyó realmente a Fukuyama. Yo sí lo hice, y también leí a otros ideólogos burgueses de la derecha estadounidense, especialmente a Samuel P. Huntington y Zbigniew Brzezinski, quienes disentían fuertemente de la versión color de rosa que tenía Fukuyama del mundo postsoviético. Estoy volviendo a este debate porque me fue útil para entender la relación entre la “muerte del comunismo” y las diversas corrientes postsoviéticas de la ideología burguesa, especialmente en los países capitalistas occidentales (pero no exclusivamente en ellos).
Fukuyama tomó el término y el concepto de “fin de la historia” del filósofo alemán Georg Hegel. Hegel usó esa expresión para describir las consecuencias histórico-mundiales de la Batalla de Jena de 1806, en la que el ejército de la Francia napoleónica derrotó al reino de Prusia. Tras la batalla, los franceses ocuparon y gobernaron el sur y el oeste de Alemania. Hegel estuvo entre los pocos intelectuales alemanes prominentes que apoyó al régimen napoleónico, al que consideraba históricamente progresivo, y colaboraron con él.
La concepción hegeliana del “fin de la historia” tenía un componente negativo y uno positivo. El componente negativo era que la ideología dominante de la Europa feudal tardía —el absolutismo monárquico sancionado y apoyado por las iglesias cristianas— había perdido su antiguo poder de determinar el curso futuro de la historia. El componente positivo era que los principios liberales de la Revolución Francesa, tal y como Hegel los entendía (y como los representaba Napoleón), habían llegado a ser capaces de conquistarlo todo en el ámbito de las ideas y con el tiempo se establecería a lo largo de Europa un nuevo orden sociopolítico en conformidad con el nuevo Zeitgeist (espíritu de los tiempos).
De igual modo, la versión de Fukuyama del “fin de la historia” tenía componentes negativos y positivos. El componente negativo, desde luego, era la “muerte del comunismo”:
“Si bien todavía hay en el mundo poder comunista, éste ha dejado de reflejar una idea dinámica y atractiva. Quienes se consideran a sí mismos comunistas se ven obligados a librar continuas batallas de retaguardia para preservar algo de su antigua posición y su antiguo poder. Los comunistas se encuentran en la poco envidiable situación de defender un orden social viejo y reaccionario cuya hora ha pasado ya hace mucho, como los monárquicos que lograron llegar al siglo XX”.
—The End of History and the Last Man (El fin de la historia y el último hombre, 1992)
Aquí Fukuyama expresa lo que es una moneda corriente entre todas las tendencias de la ideología burguesa postsoviética.
Eran las conclusiones positivas que sacó del colapso del bloque soviético las que constituían el núcleo de su tesis del “fin de la historia”. Sostenía que los valores socioculturales y las correspondientes instituciones económicas y políticas del mundo capitalista occidental terminarían por imponerse eventualmente a escala global:
“Es en este marco donde el carácter marcadamente mundial de la revolución liberal adquiere una especial significación, puesto que constituye una evidencia más de que está operando un proceso que dicta un patrón evolutivo común para todas las sociedades humanas; en pocas palabras, algo así como una Historia Universal de la Humanidad en dirección a la democracia liberal...
“Y si hemos llegado a un punto en el que se ha vuelto difícil imaginar un mundo sustancialmente distinto al nuestro, en el que el futuro no representa de ninguna manera evidente u obvia una mejoría respecto a nuestro orden actual, luego entonces debe considerarse la posibilidad de que la Historia misma haya llegado a su fin” [énfasis en el original].
La noción de Fukuyama de una “revolución liberal” universalmente triunfante sufrió un denso fuego por parte de algunos voceros intelectuales prominentes del imperialismo estadounidense. Su principal antagonista fue Samuel P. Huntington, que contraponía su propia tesis del “choque de civilizaciones” al “fin de la historia” de Fukuyama. Refiriéndose a este último, Huntington comentó con condescendencia: “El momento de euforia del fin de la Guerra Fría generó una ilusión de armonía, que pronto se reveló como tal” (The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order [El choque de civilizaciones y la reconstrucción del orden mundial, 1996]). Sin duda, Huntington concordaba con Fukuyama en que ya nunca podría haber estados poderosos ni un movimiento político internacional con apoyo de masas que afirmara representar una alternativa universal, como el comunismo, al capitalismo tipo occidental y la “democracia”. Pero también sostenía que una buena parte del mundo —y en particular Rusia, el Oriente islámico y China— se vería dominada por gobiernos y movimientos políticos antioccidentales basados en valores y tradiciones nacionales y religioso-culturales:
“En este nuevo mundo, los conflictos más generalizados, importantes y peligrosos no serán entre clases sociales, entre ricos y pobres, ni entre otros campos económicamente definidos, sino entre pueblos provenientes de diferentes entidades culturales...
“La civilización occidental es la más poderosa y seguirá siéndolo durante muchos años. Sin embargo, comparado con el de otras civilizaciones, su poder está declinando. Cuando el Occidente intenta afirmar sus valores y proteger sus intereses, las sociedades no occidentales enfrentan una alternativa. Algunas intentan emularlo o colgarse de él. Otras sociedades confucianas e islámicas intentan expandir su propio poder militar y económico para resistir y ‘contrarrestar’ a Occidente. Un eje central de la política mundial posterior a la Guerra Fría es, pues, la interacción del poder y la cultura occidentales con el poder y la cultura de civilizaciones no occidentales”.
El debate Huntington/Fukuyama subraya la necesidad de que diferenciemos entre la creencia en la “muerte del comunismo”, que es generalizada y sigue siendo actual, y el limitado y efímero triunfalismo imperialista estadounidense en la secuela inmediata de la caída de la Unión Soviética.
Breves conclusiones
Una pregunta importante que enfrentamos puede ser formulada de este modo: ¿es posible que un levantamiento espontáneo, que implique a grandes sectores de la clase obrera, contra un gobierno derechista, pueda llevar a situaciones prerrevolucionarias o incluso revolucionarias (es decir, a órganos de poder dual) aun si la masa de los obreros y los trabajadores en general no aspira al socialismo? Yo creo que sí. Aunque nunca hemos experimentado semejante acontecimiento, no debemos descartarlo. Por ahora, nuestra tarea principal consiste en propagar una visión marxista del mundo con la expectativa de reclutar cantidades relativamente pequeñas de intelectuales izquierdistas y obreros avanzados. Parafraseando a John Maynard Keynes: cuando la realidad cambie, cambiarán nuestras perspectivas.
submitted by ShaunaDorothy to Espartaco [link] [comments]


2016.06.04 13:59 ShaunaDorothy Sobre la política trotskista en la Segunda Guerra Mundial - Neomorenistas del PTS reviven la “Política Militar Proletaria” (Junio de 2012)

https://archive.is/cG8u0
Espartaco No. 35 Junio de 2012
La “Política Militar Proletaria” (PMP), propuesta originalmente por Trotsky en los últimos meses de su vida, era una serie de demandas centradas en la consigna por el “control sindical del entrenamiento militar”. Esta política, que despertó en aquel entonces controversia significativa entre quienes se reclamaban trotskistas, desempeñó un papel importante en desorientar a las pequeñas y a menudo aisladas secciones de la IV Internacional en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. La PMP no ha sido operativa desde alrededor de 1943, cuando quedó claro que los imperialistas aliados ganarían la guerra contra las potencias del Eje. Sin embargo, los neomorenistas del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) argentino la revivieron con la publicación de la antología Guerra y revolución: Una interpretación alternativa de la Segunda Guerra Mundial (Buenos Aires: Ediciones CEIP “León Trotsky”, 2004), en cuya introducción presentan su propia defensa de la PMP. Nuestros lectores podrán encontrar un análisis altamente crítico de la PMP y considerablemente más extenso que el presente artículo en Prometheus Research Series No. 2, “Documents on the ‘Proletarian Military Policy’” (Documentos sobre la “Política Militar Proletaria”, 1989), que incluye una introducción elaborada por el Comité Ejecutivo Internacional de la LCI (entonces tendencia espartaquista internacional), así como documentos contemporáneos[1] y otros análisis críticos retrospectivos espartaquistas.
Debe ser algo distinto al profundo respeto por los anales del marxismo revolucionario lo que impulsa a los empedernidos oportunistas del PTS a revivir la PMP, una política que representó conciliación a la propaganda bélica de los imperialistas aliados y que se apartó del entendimiento leninista elemental del estado burgués como un aparato para la represión sistemática contra los obreros y oprimidos que no puede ser reformado, sino que debe ser destruido mediante la revolución proletaria y remplazado por un estado obrero.
Las implicaciones reformistas y socialpatriotas de la PMP no son, por supuesto, un problema para el PTS y sus compinches internacionales (la Fracción Trotskista-Cuarta Internacional, cuya sección mexicana es la Liga de Trabajadores por el Socialismo, LTS), quienes exigen cotidianamente la “disolución de los cuerpos represivos” del estado, es decir, una petición al estado burgués a que se disuelva a sí mismo. De manera nada sorprendente, recientemente encontraron cauce para su adopción de la PMP en el contexto de la ola chovinista que azotó Argentina ante el XXX aniversario de la Guerra de las Malvinas/Falklands —una guerra reaccionaria por ambos bandos—, al exigir retrospectivamente que las organizaciones obreras impusieran la conscripción universal para ir a luchar, al mando del gorila Galtieri, por las escuálidas islas (ver artículo en p. 16). Precisamente por ser un vehículo que les permite dar rienda suelta a su acomodación a su “propia” burguesía, el PTS ve en la PMP “una teoría acabada de la revolución” cuya “perspectiva estratégica”, “programa” y “consignas” “eran mucho más maduras, e incluso superiores, a las de Lenin y los bolcheviques”.
“La guerra y la Cuarta Internacional”
En junio de 1934 Trotsky escribió “La guerra y la Cuarta Internacional”, un manifiesto sobre la inminente conflagración imperialista que desenmascaraba tajantemente las pretensiones “antifascistas” y “democráticas” de los imperialistas aliados con base en el derrotismo de Lenin. Salvo en lo referente a la defensa de la Unión Soviética, el proletariado no tenía interés en la guerra venidera, en la cual millones habrían de morir para que una u otra banda imperialista asegurara sus ganancias exorbitantes basadas en la explotación colonial. Extendiendo la política derrotista revolucionaria que guió a los bolcheviques durante la Primera Guerra Mundial y que empapa los documentos de los primeros cuatro congresos de la Internacional Comunista, Trotsky escribió:
“58. Cuando se trata de un conflicto entre países capitalistas, el proletariado de cualquiera de ellos se niega categóricamente a sacrificar sus intereses históricos, que en última instancia coinciden con los intereses de la nación y de la humanidad, en beneficio del triunfo militar de la burguesía. La fórmula de Lenin ‘La derrota es el mal menor’ no significa que lo sea la derrota del propio país respecto a la del país enemigo, sino que la derrota militar resultante del avance del movimiento revolucionario es infinitamente más beneficiosa para el proletariado y todo el pueblo que el triunfo militar garantizado por ‘la paz civil’. Karl Liebknecht planteó un lema hasta ahora no superado para la política proletaria en épocas de guerra: ‘El principal enemigo del pueblo está en su propio país’. La revolución proletaria triunfante superará los males provocados por la derrota y creará la garantía final contra futuras guerras y derrotas. Esta actitud dialéctica hacia la guerra constituye el elemento más importante de la educación revolucionaria y por lo tanto también de la lucha contra la guerra.
“59. La transformación de la guerra imperialista en guerra civil es el objetivo estratégico general al que se debe subordinar toda la política de un partido proletario”.
Ésta es la posición fundamental que los revolucionarios sostenemos en el caso de guerras reaccionarias.
Enfrentados en cuanto a la redivisión del mercado mundial, los imperialistas, tanto “democráticos” como fascistas, tenían, sin embargo, un objetivo clave en común: la destrucción de la URSS, el primer estado obrero del mundo, lo cual habría tenido consecuencias funestas para el proletariado mundial. En la víspera de la segunda guerra interimperialista, Trotsky temía que una catástrofe se aproximaba a la Unión Soviética, especialmente a la luz de los efectos desastrosos, evidentes en la secuela del pacto Hitler-Stalin, de la decapitación del Ejército Rojo perpetrada por Stalin en las purgas de los años 30. Correspondientemente, Trotsky añadió una sola cosa —ciertamente fundamental— al programa revolucionario elaborado durante la Primera Guerra Mundial: el deber del proletariado mundial de defender militarmente las conquistas de la Revolución de Octubre a pesar de la usurpación del poder político por parte de la casta burocrática encabezada por Stalin:
“8. ...Defender a la Unión Soviética de los ataques de los enemigos capitalistas, más allá de las circunstancias y causas inmediatas del conflicto, es obligación elemental de toda organización obrera honesta”.
El origen de la PMP
Sin embargo, en mayo de 1940, conforme los ejércitos de Hitler avanzaban por Bélgica y Holanda hacia París, Trotsky redactó un nuevo manifiesto sobre la guerra, el “Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial”, que fue adoptado por una conferencia de emergencia de la IV Internacional en Nueva York. En un pasaje cerca del final del manifiesto aparece por primera vez un nuevo elemento en el programa de la IV Internacional sobre la guerra imperialista:
“La militarización de las masas se intensifica día a día. Rechazamos la grotesca pretensión de evitar esta militarización con huecas protestas pacifistas. En la próxima etapa todos los grandes problemas se decidirán con las armas en la mano. Los obreros no deben tener miedo de las armas; por el contrario, tienen que aprender a usarlas. Los revolucionarios no se alejan del pueblo ni en la guerra ni en la paz. Un bolchevique trata no sólo de convertirse en el mejor sindicalista sino también en el mejor soldado.
“No queremos permitirle a la burguesía que lleve a los soldados sin entrenamiento o semientrenados a morir en el campo de batalla. Exigimos que el estado ofrezca inmediatamente a los obreros y a los desocupados la posibilidad de aprender a manejar el rifle, la granada de mano, el fusil, el cañón, el aeroplano, el submarino y los demás instrumentos de guerra. Hacen falta escuelas militares especiales estrechamente relacionadas con los sindicatos para que los obreros puedan transformarse en especialistas calificados en el arte militar, capaces de ocupar puestos de comandante”.
Estas oraciones son la primera expresión de lo que pasaría a conocerse como la “Política Militar Proletaria”. En septiembre, un mes después del asesinato de Trotsky a manos de un esbirro estalinista, el Socialist Workers Party (SWP, Partido Obrero Socialista), sección estadounidense de la IV Internacional, adoptó formalmente una resolución sobre la nueva política militar en una conferencia en Chicago:
“Luchamos contra el envío de obreros-soldados a la batalla sin entrenamiento y equipo apropiados. Nos oponemos a la dirección militar de los obreros-soldados por parte de oficiales burgueses que no tienen consideración alguna por su trato, su protección y sus vidas. Exigimos fondos federales para el entrenamiento militar de obreros y obreros-oficiales bajo el control de los sindicatos. ¿Expropiaciones militares? Sí, ¡pero sólo para el establecimiento y equipamiento de campos de entrenamiento obreros! ¿Entrenamiento militar obligatorio de los obreros? Sí, ¡pero sólo bajo el control de los sindicatos!”
El llamado del SWP equivale a alguna forma de “control obrero” del ejército burgués, lo cual es descaradamente utópico: el estado burgués no va a ceder el control del entrenamiento militar, ni ningún aspecto del ejército burgués, mediante la legislación. Como señaló en 1941 un miembro de la IV Internacional en Europa (ver PRS No. 2), el “control sindical de la defensa nacional” bajo el régimen burgués sólo puede instituirse en un sentido fascista o corporativista; de hecho, es muy significativo que la única federación sindical que adoptó el programa de la PMP durante la guerra fue nada menos que la CTM mexicana.
Trotsky y el SWP se equivocaron al tratar de plantear un conjunto de demandas positivas para la segunda guerra imperialista mundial en la ausencia de una situación revolucionaria. Llamar por el poder estatal proletario en medio de una situación potencialmente revolucionaria para emprender la defensa contra Hitler no es lo mismo que llamar por el “control sindical del entrenamiento militar” cuando es el estado burgués el que le hace la guerra a Hitler. Como regla general, los revolucionarios preferimos emplear demandas negativas respecto al estado burgués, pues éstas son el vehículo más poderoso para movilizar a las masas contra la burguesía. Como muestra el ejemplo del PTS, las demandas positivas a las instituciones centrales del estado capitalista —el ejército, la policía y los tribunales— fácilmente pueden ser utilizadas en el sentido reformista de presentar al aparato estatal burgués como si fuera de alguna manera neutral respecto a las clases.
El propósito de ser “el mejor soldado” en un ejército burgués, la demanda por mejor entrenamiento y equipo, la absurda exigencia por el “control sindical del entrenamiento militar”, todo ello está contrapuesto al entendimiento de la Segunda Guerra Mundial como una guerra interimperialista reaccionaria en la cual el proletariado no tenía lado —excepto en defensa de la URSS—. No muy oculta en la PMP estaba la proposición de que el proletariado del mundo (fuera de Alemania) tenía un enemigo mayor que su propia burguesía, a saber, el fascismo alemán. De hecho, la nueva política militar sólo era aplicable en la Gran Bretaña, Estados Unidos y sus aliados subordinados (Australia, Canadá), por lo cual había una tendencia anglo-estadounidense tácita en la abstracción de “la burguesía” en las formulaciones de la PMP: el manifiesto de mayo de 1940 no estaba exigiendo precisamente que el estado dirigido por Hitler estableciera escuelas para el entrenamiento militar de los obreros bajo control sindical. El núcleo de la PMP era el apoyo a una guerra contra el fascismo sin dejar claro a qué clase social pertenecía el estado que libraba la guerra. Debido a la popularidad de una “guerra democrática contra el fascismo”, el efecto real de la PMP habría sido simplemente hacer más eficiente la guerra del estado burgués y democratizar su dirección.
En gran medida, la PMP se basó en una prognosis exagerada del grado al cual el proletariado lucharía contra la guerra al principio de ésta. Trotsky pensó que la necesidad bélica eliminaría rápidamente la máscara “antifascista” y “democrática” de los imperialistas anglo-estadounidenses. Esperaba que las burguesías de ambos países se verían forzadas a imponer alguna variante de dictadura bonapartista en respuesta al creciente descontento, lo cual conduciría a la lucha social y quizá a situaciones de poder dual. Además, Trotsky pensaba que, ante la lucha social interna, los imperialistas anglo-estadounidenses seguirían el ejemplo de sus aliados franceses y se volverían “derrotistas”, viendo en Hitler al mal menor. Con base en este pronóstico, Trotsky combinó incorrectamente la “lucha contra el fascismo” en la guerra con la tarea proletaria de la toma del poder.
El PTS sobre la SGM: ¿“Democracia contra fascismo” después de todo?
Aunque el PTS niega formalmente que la Segunda Guerra Mundial haya sido una genuina “guerra contra el fascismo”, todos sus argumentos en defensa de la PMP introducen, en el mejor de los casos, agnosticismo respecto al carácter reaccionario del conflicto. Así, para justificar la insuficiencia del derrotismo revolucionario de Lenin y la necesidad de una nueva política, el PTS argumenta que la Segunda Guerra Mundial representó un “salto” respecto a la primera que hacía imposible “repeticiones mecánicas de las viejas fórmulas de los revolucionarios durante la Primera Guerra”. El “salto”, por supuesto, era el fascismo, y el propósito de todo esto es justificar la noción de que se podía luchar contra él mediante el esfuerzo bélico aliado: “Que la guerra que se avecinaba era de carácter interimperialista no implicaba para los trotskistas subestimar al fascismo y la necesidad del movimiento obrero de entablar una lucha encarnizada contra él desde sus inicios, ya que sería el principal perjudicado”.
La lucha obrera contra el fascismo podía librarse solamente de manera independiente de las burguesías “democráticas”, una perspectiva por la que los trotskistas habían luchado, efectivamente, desde los inicios del fascismo. De hecho, el que la pasividad criminal del Partido Comunista Alemán ante el ascenso de los nazis de Hitler no causara ni la más mínima revuelta dentro de la III Internacional hizo que Trotsky declarara que la Comintern estaba muerta para la causa de la revolución proletaria y llamara a construir nuevos partidos comunistas que sostuvieran la bandera del leninismo. La IV Internacional, fundada en 1938 en la víspera de la guerra inminente, encarnó esta continuidad leninista.
Pero el objetivo de la PMP de actuar como “los mejores soldados” de los ejércitos aliados en la Segunda Guerra Mundial no tenía nada que ver con la lucha obrera contra el fascismo. Como Trotsky mismo había señalado en “La guerra y la Cuarta Internacional”:
“18. La impostura de la defensa nacional siempre trata de ocultarse tras la impostura de la defensa de la democracia. Si incluso ahora, en la época del imperialismo, los marxistas no identifican democracia con fascismo y están dispuestos en todo momento a rechazar los ataques del fascismo a la democracia, ¿no debería el proletariado, si se declara la guerra, apoyar a los gobiernos democráticos contra los fascistas?
“¡Flagrante sofisma! Defendemos a la democracia contra el fascismo por medio de las organizaciones y métodos del proletariado... Y si nos oponemos de manera irreconciliable a los gobiernos más ‘democráticos’ en épocas de paz, ¿cómo podemos asumir la más mínima responsabilidad por ellos durante la guerra, cuando todas las infamias y crímenes del capitalismo se llevan a cabo de la manera más brutal y sangrienta?
“19. Una guerra moderna entre las grandes potencias no será una lucha entre la democracia y el fascismo sino un conflicto entre dos sectores imperialistas por un nuevo reparto del mundo”.
El vínculo que la PMP hizo de la “defensa de la democracia” y el “antifascismo” con el esfuerzo bélico de los imperialistas anglo-estadounidenses representó una capitulación a la falsa conciencia y le cedió terreno a la propaganda bélica de los imperialistas aliados. El deber de los revolucionarios era el opuesto: exponer las pretensiones antifascistas de las clases gobernantes aliadas.
El proletariado tenía toda razón para temer y odiar la bota nazi. Pero habría sido mucho mejor que la lucha proletaria y los levantamientos coloniales paralizaran el esfuerzo bélico anglo-estadounidense, quizá conduciendo a victorias alemanas transitorias, ¡a que el proletariado apoyara implícitamente a los ejércitos aliados mediante la exigencia de soldados mejor entrenados y equipados!
Abjurando el derrotismo revolucionario
Reconociendo que el derrotismo revolucionario es un obstáculo a la adopción de la PMP —aunque sin decirlo jamás abiertamente—, el PTS centra una buena parte de sus argumentos en minimizar y oscurecer el significado de esta política leninista clave. Así, presenta el derrotismo como alguna oscura polémica interna que trataba simplemente de “reagrupar a la vanguardia y a los elementos más avanzados de la socialdemocracia, y no de formular una política activa hacia el movimiento obrero”. Hace suya la posición de un tal Jean-Paul Joubert, quien argumenta nada menos que “la fórmula” del derrotismo “no se encuentra...en el proyecto de resolución y de manifiesto de la ‘Izquierda de Zimmerwald’”, ni tampoco fue utilizada “durante los seis años siguientes a la revolución de octubre, en ningún texto importante de Lenin o de la Internacional Comunista”. “Por el contrario”, concluye Joubert, “Lenin martilla sin cesar en la ‘transformación de la guerra imperialista en guerra civil’”[2].
Todo esto va más allá del confusionismo. La lucha de Lenin por la III Internacional, incluyendo entre la izquierda de Zimmerwald, se libró sobre la base del derrotismo revolucionario y sobre el cadáver de la II Internacional socialpatriota; el derrotismo guió toda “política activa” de los bolcheviques tanto como el servilismo a los esfuerzos bélicos de sus respectivas burguesías guió la actividad de los socialpatriotas en la II Internacional. El derrotismo no es una mera consigna, sino una posición fundamental del marxismo revolucionario respecto a guerras reaccionarias. Como explicamos en PRS No. 2, el derrotismo representa precisamente el deseo, desde una perspectiva internacional estratégica, de transformar la guerra imperialista en guerra civil:
“El uso del término ‘derrotismo’ se basa en el reconocimiento de que: (1) una cadena de derrotas militares para un gobierno imperialista ayuda al surgimiento de lucha social interna, y (2) cualquier lucha social significativa en tiempo de guerra inevitablemente ‘ayuda’ a la potencia enemiga. El proletariado no restringirá la lucha de clases por temor a facilitar la victoria del ‘campo imperialista enemigo’”.
Hay varias consignas apropiadas para expresar el significado del derrotismo bajo distintas circunstancias, prominentemente la consigna de Liebknecht de “el principal enemigo está en casa” o, por ejemplo en el caso de la India colonial, simplemente “¡Abajo el imperialismo! ¡Abajo la guerra imperialista!”, consignas levantadas por el Bolshevik-Leninist Party of India durante la Segunda Guerra Mundial.
En su esfuerzo por deshacerse del derrotismo y mantener alguna semblanza “izquierdista”, el PTS crea un Trotsky a su imagen y semejanza:
“Muchos sectarios de entonces habían adoptado una posición que en apariencia seguía a Lenin a pie juntillas: ésta es una guerra imperialista, por lo tanto se impone una actitud de derrotismo revolucionario. Pero Trotsky rechazaba esto como un silogismo reñido con la lógica viva y contradictoria de la guerra y su eterna antagonista: la revolución”.
¡Pero Trotsky insistió en la aplicación del derrotismo revolucionario hasta el final de sus días! La PMP fue una política equivocada basada en un pronóstico exagerado de la inminencia de revoluciones proletarias, y Trotsky no vio que estaba, a fin de cuentas, en contradicción con el derrotismo revolucionario; Trotsky no vivió para ver cómo se desarrollaba la PMP en la realidad, habiendo propuesto esta política apenas tres meses antes de su muerte. En cualquier caso, difícilmente se podría argumentar que es la confusión teórica lo que conduce a los peronistas de extrema izquierda del PTS a despotricar contra el derrotismo “sectario” y defender a la PMP 70 años después.
PMP vs. defensa de la URSS: La desvergüenza retrospectiva del PTS
Tras citar un pasaje de la resolución del SWP de 1940 que codificó la PMP, el PTS comenta ridículamente que “en consecuencia con esta política”, el SWP “destinó un destacamento de militantes a la flota mercante de Estados Unidos”. No debería hacer falta un extenso análisis para darse cuenta de que el trabajo del SWP en la marina mercante no tenía nada que ver con la “política militar proletaria”. El SWP perdió al menos a siete de sus militantes en la marina mercante, algunos de los cuales trabajaban en la peligrosa ruta de Múrmansk en la que convoyes aliados llevaban abastecimientos a la Unión Soviética. Este trabajo genuinamente excepcional fue una expresión no de la PMP, sino del defensismo soviético del SWP, algo que al PTS le conviene no reconocer.
De hecho, una de las principales preocupaciones de Trotsky, que debe de haber desempeñado un papel en la elaboración de la PMP, era el grave peligro que la guerra planteaba a la tierra de la Revolución de Octubre. Pero el PTS desaparece este aspecto del problema, por una buena razón: es una organización que nació a la vida política “independiente” a finales de los años 80 apoyando la contrarrevolución capitalista en la RDA, la URSS y toda Europa Oriental, así como hoy reniega de la defensa militar incondicional de los estados obreros deformados que aún quedan contra el imperialismo y la contrarrevolución interna: formalmente en el caso de China y Vietnam, en tanto que a duras penas balbucea una palabra sobre Corea del Norte, prefiere ignorar la existencia del estado obrero en Laos y en los hechos abandona el defensismo respecto al estado obrero cubano (ver “Cuba: Crisis económica y ‘reformas de mercado’”, Espartaco No. 34, otoño de 2011).
El que el PTS adopte retrospectivamente la PMP, así como su apoyo al absurdo intento de Joubert de reducir el defensismo revolucionario a una efímera exageración polémica de Lenin, está en concordancia con su apoyo a la contrarrevolución “democrática” en los estados obreros degenerado y deformados. Y aún así, el PTS tiene la desvergüenza de publicar, en su introducción a Guerra y revolución, una sección entera dedicada a “La defensa de la URSS” con luengas citas de Trotsky, cuyo contenido entero ha pisoteado en cada coyuntura histórica fundamental en continuidad antirrevolucionaria con sus predecesores morenistas de la Liga Internacional de Trabajadores (LIT) (ver, entre otros, folleto del GEM y la Fracción Trotskista del entonces POS, hoy LTS, “Del morenismo al trotskismo: La cuestión rusa a quemarropa”, 1991).
Por otro lado, debe señalarse que todo el trabajo heroico de los trotskistas durante la Segunda Guerra Mundial —incluyendo, entre otros, el trabajo marítimo del SWP y prominentemente el de la célula de los trotskistas de Brest que publicaba Arbeiter und Soldat (Obrero y Soldado) para distribuir al personal naval alemán— está en contradicción directa con la PMP. Aun así, el PTS tiene el descaro adicional de atacar al SWP por imprimir “a la propaganda sobre la PMP un sesgo un tanto ‘defensista’, aproximándose a una posición que postulaba la ‘necesidad de librar la guerra contra el fascismo hasta el final’”. Pero el SWP de Cannon sí se opuso a la Segunda Guerra Mundial. Debido a que el SWP en aquellos años era un partido genuinamente revolucionario proletario —a diferencia de los impostores seudotrotskistas del PTS—, la PMP nunca cobró vida como una demanda programática y pronto fue archivada en algún cajón, y sus implicaciones socialpatriotas nunca echaron raíz. En cambio, es el PTS quien defiende hoy la proposición de ser “el mejor soldado” en los ejércitos aliados y exige retrospectivamente la conscripción universal para ir a matar británicos en las Malvinas/Falklands.
Contorsiones circenses
El PTS se ve obligado a realizar contorsiones verdaderamente sorprendentes para tratar de establecer “antecedentes” para la PMP en las políticas trotskistas durante la Guerra Civil Española, en el Programa de Transición y, más generalmente, en casi cada referencia que Trotsky haya hecho jamás a la lucha por escindir al ejército horizontalmente en tiempos de agitación revolucionaria para ganar a las tropas al lado del proletariado. Pero esto no era nada nuevo ni tiene nada que ver con la PMP; de hecho, Engels había señalado ya desde 1895 la necesidad de escindir al ejército (ver su introducción a Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 de Marx), una política que fue, por supuesto, llevada a cabo con éxito en la Revolución Rusa de 1917. Como “La guerra y la Cuarta Internacional” explica, cuando un revolucionario se ve obligado a ir al ejército,
“sigue siendo un luchador, aprende a usar las armas, explica hasta en las trincheras el significado de clase de la guerra, nuclea a los disconformes, los organiza en células, transmite las ideas y consignas del partido, observa cuidadosamente los cambios en el estado de ánimo de las masas, el reflujo de la marea patriótica, el incremento de la indignación, y en el momento crítico llama a los soldados a colaborar con los obreros”.
¡No precisamente “el mejor soldado” en un ejército burgués!
Quizá el más deshonesto de sus intentos es el de establecer un antecedente de la PMP en Lenin. El PTS afirma que en “El programa militar de la revolución proletaria” (septiembre de 1916), “Lenin formula lo que podríamos llamar, sin temor a abusar de los términos, una ‘política militar del proletariado’”. Sería muy amable llamar a esto “abusivo”. Lenin escribió:
“En lo que se refiere a la milicia, deberíamos decir: no estamos por una milicia burguesa, estamos únicamente por una milicia proletaria. Por consiguiente, ‘ni un centavo, ni un hombre’, no sólo para el ejército regular, sino tampoco para la milicia burguesa, incluso en países como Estados Unidos, o Suiza, Noruega, etc... Podemos exigir la elección de los oficiales por el pueblo, la abolición de todos los tribunales militares, iguales derechos para los obreros extranjeros y los nacidos en el país... Además, podemos exigir, digamos, que cada cien habitantes de un país determinado tengan derecho a formar asociaciones de adiestramiento militar voluntario, con libre elección de instructores, pagados por el estado, etc. Sólo en tales condiciones podría adquirir el proletariado adiestramiento militar, para sí, y no para sus esclavizadores; y los intereses del proletariado exigen absolutamente ese adiestramiento” (énfasis en el original).
De manera totalmente explícita, Lenin no está argumentando por el entrenamiento y equipamiento de “obreros-soldados” para ir a luchar contra los alemanes en la Primera Guerra Mundial. Este artículo es una polémica contra la consigna reformista del “desarme”[3] en el cual, al tiempo que enfatiza que la Primera Guerra Mundial es totalmente reaccionaria, señala que no todas las guerras lo son, e insiste en que el proletariado necesita su propia milicia, independiente de la burguesía, para luchar por su propia dictadura y consolidarla. La siguiente oración en el artículo, que el PTS convenientemente omite, deja claro lo anterior:
“La Revolución Rusa [de 1905] demostró que todo éxito del movimiento revolucionario, incluso un éxito parcial, como la toma de una urbe, de una ciudad fabril, o el atraerse a una parte del ejército, obliga inevitablemente al proletariado vencedor a poner en práctica precisamente ese programa” (énfasis en el original).
Como escribimos en PRS No. 2:
“En el curso de la lucha que lleva al establecimiento de un estado proletario, el llamado por el establecimiento de organizaciones obreras de autodefensa es central en el programa revolucionario. Estas organizaciones representan la forma embrionaria del ejército del estado obrero, pero sólo si son completamente independientes del estado burgués. El Programa de Transición, adoptado en la conferencia de fundación de la IV Internacional en 1938, asocia el llamado por escuelas militares obreras y entrenamiento militar con la consigna de ‘completa independencia de las organizaciones obreras del control policiaco-militar’. Pero la PMP exigía que el estado burgués financiara las escuelas militares obreras, inclinándose hacia una posición reformista sobre el carácter del estado capitalista. El llamado ridículo del SWP por el ‘control sindical de la conscripción’ fue más lejos por ese camino”.
En suma, ninguna cantidad de sofistería será suficiente para esconder la verdad que yace en la afirmación que hicimos hace ya 40 años y que aplica de manera aún más apta al PTS hoy día: “Sólo socialchovinistas que apoyen los objetivos bélicos de ‘su’ gobierno pueden levantar razonablemente la PMP” (“Proletarian Military Policy” [Política Militar Proletaria], Revolutionary Communist Youth Newsletter No. 13, agosto-septiembre de 1972, reimpreso en PRS No. 2).
Notas
  1. Entre éstos, se incluyen polémicas correctas de Max Shachtman contra la PMP de finales de 1940 y principios de 1941. Menos de un año antes, sin embargo, Shachtman había roto de manera revisionista con el marxismo mediante la repudiación completa de su metodología filosófica, el materialismo dialéctico, y la traición concreta a la Unión Soviética (con base en su “teoría” del “colectivismo burocrático” según la cual la burocracia soviética no era tal, sino una “nueva clase”), primero en la guerra contra Finlandia en 1939 y luego en la invasión alemana de 1941 (ver “La bancarrota de las teorías sobre ‘una nueva clase’”, Spartacist (Edición en español) No. 30, mayo de 2000). La desviación del SWP respecto del contenido principista del leninismo mediante la PMP fue un regalo para Shachtman —entonces aún en sus inicios como revisionista—, el cual pudo explotar porque no se centraba en sus propias áreas de abandono del marxismo. Sin embargo, diez años después, bajo la presión de la Guerra de Corea, su revisionismo se volvió completo y Shachtman impulsó su propia versión, grotescamente reaccionaria, de la PMP. Regresar
  2. Joubert parece retomar al shachtmanista Hal Draper, quien en 1953-54 publicó un largo, oscuro y confusionista opúsculo titulado “The Myth of Lenin’s ‘Revolutionary Defeatism’” (El mito del “derrotismo revolucionario” de Lenin), a inicios de la primera Guerra Fría antisoviética del imperialismo estadounidense, para justificar la línea tercercampista de que, en caso de una guerra entre EE.UU. y la URSS, ¡los “socialistas” estadounidenses no debían estar por la derrota de su “propia” burguesía! Regresar
  3. De hecho, una versión ligeramente distinta, preparada por Lenin, de este mismo artículo se publicó en diciembre de 1916 como “La consigna del ‘desarme’”. Regresar
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/35/pmp.html
submitted by ShaunaDorothy to Espartaco [link] [comments]


2016.06.03 03:21 ShaunaDorothy Karl Marx tenía razón - Crisis económica capitalista: Los patrones obligan a los obreros a pagar (2 - 2) (Primavera de 2009)

https://archive.is/vQFPC
El fin de la hegemonía económica de EE.UU. posterior a la Segunda Guerra Mundial
Teniendo esto en mente, veamos esquemáticamente la historia de la economía capitalista estadounidense de la posguerra. Durante las dos primeras décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos dominó el mercado mundial de productos industriales. Constantemente obtenía grandes superávits en su balanza comercial con casi todos los demás países capitalistas. Sin embargo, hacia la mitad de los años sesenta, Alemania Occidental y Japón habían reconstruido y modernizado sus economías al punto de poder en realidad competir con Estados Unidos en los mercados mundiales y también en el mercado interno estadounidense. Así que el flujo de sus magnitudes comerciales fue revertido. Estados Unidos empezó a incurrir en grandes déficits en su balanza comercial.
En pocos años, este giro destruyó el sistema monetario internacional de posguerra que se había establecido en la conferencia de Bretton Woods, New Hampshire, en 1944. Se llamaba el patrón de cambio oro-dólar. Las divisas de los países capitalistas más importantes quedaron fijas frente a las demás por largos periodos y ancladas por el dólar. Washington prometió —y quiero enfatizar la palabra “prometió”— que los otros gobiernos podrían intercambiar libremente por oro todos los dólares que tuvieran a una tasa de 35 dólares la onza.
Para principios de los años setenta, eso ya no era objetivamente posible. El volumen de dólares que poseían los bancos centrales extranjeros superaba por mucho la reserva de oro de Estados Unidos a 35 dólares la onza. El gobierno fran- cés de Charles de Gaulle, que resentía el dominio internacional de Estados Unidos y aspiraba a restaurar la “grandeza” de Francia, empezó a cambiar por oro sus reservas de dólares. Así, en agosto de 1971, el presidente estadounidense Richard Nixon cerró la “ventana del oro”, lo que terminó con la convertibilidad del dólar a mercadería universal de valor intrínseco (de trabajo). Tras unas cuantas conferencias internacionales inútiles, lo que surgió fue un no-sistema de tasas de cambio fluctuantes. Desde entonces, las tasas de cambio de divisas han estado determinadas por las condiciones del mercado, modificadas por intervenciones gubernamentales de vez en cuando. La razón por la que estoy explicando esto es que el régimen de tasas de cambio fluctuantes tuvo dos consecuencias a largo plazo, que subyacen a la actual crisis financiera.
Una: creó un gran y nuevo elemento de incertidumbre, es decir, el riesgo de pérdidas, en todas las transacciones financieras internacionales, especialmente las de largo plazo. Así pues, las tasas de cambio de divisas se convirtieron en una importante esfera de especulación financiera. Gran parte del libro de Das sobre el comercio de derivados habla de protegerse contra los cambios en las tasas de cambio de divisas y de especular con ellos.
Dos: al cortar los lazos entre el dólar y el oro, el capitalismo estadounidense, tanto al nivel corporativo como al nivel gubernamental, logró aumentar masivamente su deuda externa, sin otro límite superior que la voluntad de los gobiernos e inversionistas extranjeros de comprar activos denominados en dólares. Ahora el dólar vale alrededor de 20 centavos en términos del dólar de 1971. En el Financial Times de Londres (24 de noviembre de 2008), Richard Duncan subrayó este aspecto de la actual crisis mundial:
“Cuando Richard Nixon destruyó el Sistema Monetario Mundial de Bretton Woods en 1971 cerrando la ‘ventana del oro’ en el Tesoro, cortó el último vínculo entre los dólares y el oro. Lo que siguió fue una proliferación en espiral de instrumentos de crédito cada vez más espurios denominados en una divisa depreciada. El ejemplo más flagrante y letal de esta locura ha sido el crecimiento del mercado de derivados no regulado, que se ha inflado hasta alcanzar los 600 billones de dólares, lo que equivale a casi 100 mil dólares por cada habitante de la Tierra.”
Aumentar la tasa de explotación
En 1974-75 hubo un declive económico mundial muy pronunciado e importante. Aunque no duró mucho, tuvo consecuencias importantes, sobre todo en Estados Unidos. Al salir del declive económico, la clase capitalista estadounidense hizo un esfuerzo concentrado para aumentar la tasa de explotación del proletariado, es decir, la proporción de plusvalía con respecto a salarios. Los capitalistas exigieron de la burocracia sindical contratos entreguistas y la imposición de salarios más bajos para nuevas contrataciones, y lo obtuvieron. Trasladaron la producción del noreste y el medio oeste sindicalizados al sur y suroeste que no están sindicalizados, así como a países donde los salarios son bajos en Latinoamérica y Asia.
Esta ofensiva antiobrera, que comenzó bajo el presidente demócrata de derecha Jimmy Carter, aumentó bajo el aun más derechista presidente republicano Ronald Reagan. El aplastamiento de la huelga de controladores aéreos de PATCO en 1981, y la subsiguiente reacción rompesindicatos durante huelgas como la de Greyhound, marcaron el inicio de esta ofensiva. En ese entonces, nosotros abordamos la necesidad de que el movimiento obrero combatiera la ofensiva capitalista, especialmente en el artículo “Para ganar, darle duro a la patronal” (Spartacist [Edición en español] No. 15, julio de 1984). Lo que decíamos en “Darle duro”, que los obreros no pueden jugar con las reglas de los patrones, conserva toda su validez para el movimiento obrero estadounidense de hoy.
Aquí quiero enfatizar un aspecto de la ofensiva antiobrera de principios y mediados de los años ochenta que no era obvio entonces. El ascenso del monetarismo y la “desregulación” financiera como doctrina y como política en los Estados Unidos de Reagan y también en la Gran Bretaña de Thatcher estuvo en parte basado en el debilitamiento del movimiento obrero y fue condicionado por éste. En la Gran Bretaña, el giro decisivo a la derecha en la relación de fuerzas de clase fue la derrota de la huelga minera de 1984-85. La reciente nota de la camarada McDonald sobre el impacto de la crisis económica en Gran Bretaña señalaba que en 1986 el gobierno de Thatcher “desreguló” la City de Londres. No fue accidental, como se dice, el que la especulación con capital financiero se desatara justo después de la derrota de la huelga minera.
En Estados Unidos durante los años ochenta, que los liberales llaman frecuentemente “la década de la codicia”, hubo una redistribución masiva del ingreso hacia arriba, combinada con un aumento masivo en la deuda externa de Estados Unidos. El gobierno de Reagan recortó los impuestos para los ricos mientras aumentaba enormemente el gasto militar en la creciente Segunda Guerra Fría contra la Unión Soviética. Para financiar los grandes déficits gubernamentales que resultaron, una gran porción de los bonos del Tesoro recién emitidos se vendió en el extranjero, especialmente a los japoneses. En el lapso de dos o tres años, Estados Unidos pasó de ser la nación más acreedora del mundo a ser la más endeudada.
La redistribución del ingreso hacia arriba y el creciente endeudamiento exterior de Estados Unidos estuvieron orgánicamente vinculados a la desindustrialización del país. Grandes extensiones del medio oeste llegaron a conocerse como el “cinturón del óxido”. A mediados de los años sesenta, la manufactura constituía el 27 por ciento del producto interno bruto estadounidense y empleaba al 24 por ciento de la mano de obra. Para principios de la década de 2000, el peso de la manufactura se había reducido al catorce por ciento de la producción total y empleaba sólo al once por ciento de la mano de obra total.
Básicamente, los salarios reales por hora para obreros de base llegaron a su punto más alto a principios de los años setenta. Durante la mayor parte de las últimas tres décadas y media, la compensación real por unidad de trabajo ha estado por debajo de ese nivel. Sólo ocasional y brevemente, por ejemplo en la fase final del auge económico de los años noventa, los pagos netos reales por hora se han acercado o han superado a los de principios de los setenta. En la medida en que las familias obreras han aumentado sus ingresos en las últimas décadas, ha sido debido a que ambos cónyuges tienen trabajos de tiempo completo, trabajan muchas horas extras o hasta en dos empleos, si es que hay tales empleos disponibles.
Sin embargo, para el principio de la década de 2000, estos medios generalizados de aumentar el ingreso familiar prácticamente se habían agotado. Al mismo tiempo, los trabajadores han enfrentado un agudo aumento en ciertos gastos básicos: la vivienda (tanto comprada como rentada), los servicios médicos y las colegiaturas universitarias para sus hijos. Así que han tenido que endeudarse más. En la víspera de la actual crisis, a principios de 2007, el promedio de endeudamiento familiar era 30 por ciento mayor que el ingreso anual disponible. Esto fue posible principalmente porque las familias adquirieron préstamos respaldados por sus viviendas “aprovechándose”, por decirlo así, de la entonces creciente burbuja en los precios de la vivienda.
El auge de los punto com y la burbuja inmobiliaria
Para entender la burbuja en los precios de la vivienda que hubo a principios y mediados de la década de 2000, hay que retroceder un poco para mirar el llamado auge de los punto com de mediados y finales de los años noventa. Éste fue un clásico ciclo de auge y caída como los que describió Marx en El capital. Una ráfaga de inversiones, principalmente en nueva tecnología —en este caso, la informática, los servicios de Internet y las telecomunicaciones—, aumenta lo que Marx llamó la composición orgánica del capital. Esto es el valor de los medios de producción (el tiempo de trabajo encarnado en ellos) necesario para emplear trabajo vivo. En la economía burguesa, se llama capital por trabajador. Un aumento en la composición orgánica del capital hace bajar la tasa de ganancia. Incluso si la productividad aumenta y los salarios no, el aumento de la ganancia por trabajador no compensa el incremento de capital por trabajador.
Esta dinámica pudo observarse claramente en el auge en los noventa del sector de telecomunicaciones, uno de los pilares de la “nueva economía” o “revolución TI (tecnología de la información)”. La recuperación de capital de las empresas de telecomunicaciones cayó continuamente del 12.5 por ciento en 1996 al 8.5 por ciento en 2000. En ese entonces, un analista de Wall Street, Blake Bath, describió a su modo la ley de la disminución de la tasa de ganancia aplicada a las telecomunicaciones. “Parece que el sector está muy sobrecapitalizado”, juzgó. “El gasto ha aumentado a niveles absurdamente rápidos con respecto a los ingresos y ganancias que ese gasto produce” (Business Week, 25 de septiembre de 2000). O, como lo puso Marx en el volumen III de El capital: “El verdadero límite de la producción capitalista lo es el propio capital [énfasis en el original].”
En 2000-01, el auge de los punto com se convirtió en caída, dando paso a una recesión. Buscando suavizar el impacto del declive económico, Alan Greenspan, director de la Reserva Federal (el banco central estadounidense), inundó con dinero los mercados financieros. Para 2003, la Fed recortó la tasa de interés sobre los préstamos a corto plazo de sus bancos miembros del 6.5 al uno por ciento, lo que en ese momento fue el interés más bajo en medio siglo. Durante la mayor parte de este periodo, la llamada tasa de fondos federales estuvo por debajo de la tasa de inflación. En los hechos, el gobierno estaba regalando dinero a los financieros de Wall Street. A finales de 2004, el Economist de Londres advirtió que “la política de dinero fácil” de Estados Unidos “ha desbordado sus fronteras” y “ha inundado los precios de las acciones y las casas en todo el mundo, inflando una serie de burbujas de precios sobre activos.”
En el centro de la actual crisis hay un tipo de instrumento financiero conocido como derivado. Los tradicionales títulos financieros primarios —bonos y acciones corporativos— representan en el sentido legal y formal la propiedad sobre bienes, es decir, bienes y servicios que encarnan valor de uso así como valor de cambio como productos del trabajo. Los derivados se basan en los títulos primarios o están conectados a ellos de alguna forma. Un tipo importante y típico son las coberturas por riesgos crediticios. Formalmente, y quiero enfatizar la palabra formalmente, es una especie de póliza de seguro contra la insolvencia de los bonos corporativos. Sin embargo, uno puede comprar un canje financiero contra el impago del crédito sin tener los bonos corporativos. En ese caso es una forma de especular con que la corporación se vuelva insolvente. Imaginen que 20 personas están aseguradas contra el incendio de un mismo edificio, 19 de las cuales no son dueñas del edificio. Bueno, bienvenidos al mundo de los derivados. Además, se puede especular con el cambio en el precio de una cobertura de riesgo crediticio mediante lo que se conoce como opciones put y call.
El punto básico es que se han acumulado derivados sobre derivados sobre otros derivados. Para cuantificar: en 2005, si se sumaba todo el valor nominal en el mercado de todos los derivados del mundo, el resultado era tres veces mayor que el de los títulos primarios en los que supuestamente se basan. Para entender la extrema gravedad de la actual crisis financiera, hay que reconocer la inmensa magnitud de lo que Marx llamó “capital ficticio” que se ha generado en las últimas décadas. A principios de los años ochenta, si se sumaba el valor nominal en el mercado de todos los bonos y acciones corporativos y también de los bonos gubernamentales por todo el mundo, el resultado se aproximaba a la producción anual de bienes y servicios, lo que los economistas burgueses llaman el producto interno bruto global. En 2005, el Fondo Monetario Internacional calculó que si se hacía esa misma operación, el valor de sólo los títulos primarios era casi cuatro veces mayor que el producto interno bruto global. Y si se añaden los derivados, la cantidad de riesgo en el sistema financiero se ha multiplicado muchas veces.
Charles R. Morris, un periodista financiero de mentalidad crítica, describió cómo se tramó este Everest de “riqueza” espuria de papel:
“¿Cómo pudo llegar tan alto el apalancamiento? En la clase de instrumentos de los que hemos estado hablando, hay relativamente pocos ‘nombres’ o empresas subyacentes, cuyas acciones son ampliamente intercambiadas, unos cuantos cientos cuando mucho. Y un número relativamente pequeño de instituciones, especialmente los bancos globales, los bancos de inversión y los fondos crediticios sin regulación, realizan la mayor parte de este intercambio. De hecho, han construido una inestable torre de naipes de deudas vendiéndoselas y comprándoselas entre ellos, registrando ganancias en cada operación. Ésta es la definición de un esquema piramidal. En la medida en que el régimen de dinero gratuito previno la insolvencia, la torre podía tambalearse, pero seguía en pie. Pero pequeñas alteraciones en cualquier parte de la estructura pueden derribar toda la torre, y los movimientos sísmicos que ya se sienten prometen alteraciones muy grandes.” [énfasis en el original]
—The Trillion Dollar Meltdown: Easy Money, High Rollers, and the Great Credit Crash [El desplome del billón de dólares: dinero fácil, apostadores fuertes y el gran crac crediticio] (2008)
Conforme colapsa la torre de deudas, presiona implacablemente a la baja los precios de todos los activos financieros que no sean títulos gubernamentales del Primer Mundo. Y pronto puede sucederle también a éstos.
Impacto en Europa Occidental y Japón
La crisis financiera ha exacerbado enormemente las tensiones y conflictos de interés interimperialistas en lo que cada vez se conoce más como la des-Unión Europea. Los diversos esquemas de rescate nacionales han intensificado la competencia financiera al interior de la UE. El capital monetario especulativo de corto plazo entra a aquellos países —como Irlanda, inicialmente— en los que la política gubernamental hace parecer más seguros a los bancos y otras instituciones financieras. Y luego vuelve a salir cuando otros gobiernos ofrecen otros paquetes de rescate aparentemente más generosos.
También hemos visto una ruptura creciente entre los dos países centrales de la UE y la zona del euro: Alemania y Francia. El vanagloriado presidente francés, Nicolas Sarkozy, que por casualidad también ocupó la “presidencia” rotativa de la UE durante la segunda mitad de 2008, se presenta a sí mismo como el salvador del capitalismo mundial. Ha impulsado varios ambiciosos esquemas regulatorios financieros y de “estímulo” económico tanto en la UE como internacionalmente. No hace falta decir que las poses de Sarkozy no le han ganado amigos entre los gobernantes de los estados imperialistas fuera de Francia.
En particular, la clase dominante alemana, representada por el gobierno de coalición de demócratas cristianos y socialdemócratas, ha rechazado groseramente los diversos esquemas del francés. Nada de geld alemán, declaman, va a gastarse para costear el libertinaje y las flaquezas económicas de sus “socios” europeos. Más en general, quienes mandan en Berlín han insistido que le corresponde a otros países —léase Estados Unidos— arreglar sus propias economías de un modo que ayude también a Alemania. En palabras del ministro de economía alemán Michael Glos: “Sólo podemos confiar en que las medidas que adopten los otros países…ayuden a nuestra economía de exportaciones” (Financial Times, 1º de diciembre de 2008). ¡Siga soñando, Herr Minister!
Japón, que desempeña un papel muy importante en la economía mundial, no ha recibido suficiente atención de la prensa financiera estadounidense. Japón es la segunda economía más grande del mundo. Y, de manera más importante, el mayor acreedor del mundo. Aunque China lo ha superado recientemente como el mayor propietario de títulos del gobierno estadounidense, Japón es un acreedor mucho mayor de las corporaciones privadas de todo el mundo.
En 1989-90, estalló una burbuja de bienes raíces y valores bursátiles en Japón, lo que dio paso a una década de estancamiento, que más tarde llegó a ser conocida como “la década perdida”. Las autoridades monetarias forzaron la baja en las tasas de interés a prácticamente cero para estimular la inversión. Lo que pasó fue que esta medida funcionó, pero no en la forma que las autoridades del gobierno pretendían. El enorme exceso de capacidad industrial y de “préstamos bancarios morosos” desalentaron las inversiones adicionales en el mismo Japón. Así que los financieros japoneses y los inversionistas de todo el mundo pidieron préstamos baratos en Japón para luego invertir en otros países donde por algún motivo u otro la tasa de rendimiento era mayor. En la prensa financiera esto se conoció como el “carry trade de yenes”.
Ahora, esta práctica ha sido obligada duramente a invertir su marcha. Es decir, los inversionistas están vendiendo sus activos en todo el mundo, a precios cada vez más bajos, para pagar las deudas que contrajeron con los bancos y otras instituciones de Japón. Pero esto se ha convertido en un proceso contraproducente, pues, conforme este dinero entra a Japón, hace que el valor del yen aumente respecto a las divisas de casi todos los demás países en los que los deudores habían invertido. Así que eso aumenta el peso de su enorme deuda y de los futuros pagos. Imaginen que están vaciando una gran tina de agua, y que por cada cubeta que sacan, una cubeta y media entra por un conducto subterráneo. Bueno, ésa es la situación que enfrentan los inversionistas extranjeros y japoneses que por más de una década aprovecharon el “carry trade de yenes”.
Al mismo tiempo, el aumento en el precio del yen está haciendo que aumente el valor de los bienes japoneses en los mercados mundiales en un momento en el que la demanda global disminuye rápidamente. El núcleo del capitalismo industrial japonés está recibiendo un fuerte golpe. Por primera vez en siete décadas, Toyota espera tener pérdidas este año fiscal en sus negocios de autos y camiones. Sony ha anunciado que despedirá a cinco por ciento de la fuerza de trabajo de su división de electrónica y que cerrará hasta seis fábricas alrededor del mundo.
La crisis global sacude la economía “socialista de mercado” de China
Así que, ¿qué hay de China —que entendemos no es capitalista, sino un estado obrero burocráticamente deformado—? Durante la crisis financiera del Asia Oriental de 1997-98, China logró evitar el impacto de la crisis al expandir sustancialmente la inversión en construcción e infraestructura industriales. Y el régimen estalinista de Beijing está tratando de repetir esas medidas ahora. A principios de noviembre anunció un gran paquete de estímulo (equivalente a 585 mil millones de dólares) que se enfoca en expandir la infraestructura: vías férreas, carreteras, aeropuertos, puertos y cosas así. Posteriormente, sin embargo, ha resultado que la cantidad es mucho menor que la que se había indicado originalmente. Sólo una cuarta parte de los fondos vendrán del gobierno central; las otras tres cuartas partes deberán salir de organismos gubernamentales locales y bancos estatales. Pero los recursos financieros de estas instituciones son mucho más limitados. Stephen Green, un economista del Standard Chartered Bank de Shanghai, comentó al respecto: “Con la caída de las rentas públicas, es difícil imaginar cómo podrían los gobiernos, bancos y empresas locales compensar el resto de los Rmb 4 billones” (Financial Times, 15-16 de noviembre de 2008).
El camarada Markin y yo hemos estado discutiendo sobre el impacto que tendrá la crisis mundial en China. Y los dos coincidimos en que, esta vez, a diferencia de lo que ocurrió a finales de los noventa, la economía china no va a salir básicamente ilesa. Para empezar, éste no es un declive económico regional sino global. Y está centrado en Estados Unidos y Europa Occidental. Todo indica que va a ser muy grave y bastante prolongado. Una de sus consecuencias es que incrementa el proteccionismo antichino en Estados Unidos y Europa Occidental.
Vamos a ver, y ya estamos viendo, el lado malo y la inflexibilidad de lo que los estalinistas chinos llaman la economía “socialista de mercado”. En China hay decenas de miles de fábricas que emplean a decenas de millones de trabajadores y que pertenecen a empresarios nacionales, capitalistas chinos de ultramar de Hong Kong y Taiwán y corporaciones extranjeras que producen bienes específicamente destinados a los países capitalistas avanzados, bienes como juguetes, reproductores de CDs y sistemas de posicionamiento global para autos. Estas fábricas no pueden virar fácil y rápidamente su producción a, digamos, electrodomésticos para los obreros y campesinos chinos. Y eso sería así incluso si el Ejército de Liberación Popular volara helicópteros sobre los barrios obreros y las aldeas campesinas arrojando paquetes de dinero a los habitantes.
Además, el régimen de Beijing ha alentado su propia versión de la burbuja de precios de la vivienda y un auge en la construcción residencial. La numerosa y cada vez más pudiente pequeña burguesía urbana china —los yuppies chinos— pidieron préstamos para comprar, construir y expandir casas, no sólo para vivir en ellas, sino como inversión financiera. Esperaban que sus precios en el mercado continuaran subiendo en espiral. Bueno, pues la burbuja de la vivienda ya reventó. En un vecindario acomodado de Beijing, el precio de compra de departamentos nuevos cayó en un 40 por ciento entre febrero y octubre del año pasado. El Economist de Londres (25 de octubre de 2008) comentó: “El mercado de la vivienda produce desagradables sorpresas a las nuevas clases medias de China.” Desde luego, nosotros no estamos tan preocupados por las desventuras de los yuppies chinos. Sin embargo, nos preocupa mucho el efecto que el colapso de la burbuja de los precios de vivienda tenga en nuestra clase: el proletariado. Este colapso tuvo el efecto de deprimir la industria de la construcción residencial, mucha de cuya mano de obra consiste en obreros hombres emigrados del campo.
Lo que resulta de todo esto es que China, a diferencia de casi todos los países capitalistas, no va a entrar en una recesión; pero es probable que sí experimente un declive agudo en su tasa de crecimiento, que en el último par de décadas ha promediado cerca de un diez por ciento. Correspondientemente, habrá un gran aumento en el número de desempleados urbanos, tanto obreros que sean despedidos del sector privado como campesinos que lleguen a las ciudades en busca de empleos sin poder encontrarlos. Según las cifras oficiales, para el final de noviembre, 10 millones de trabajadores migratorios perdieron sus empleos en la China urbana. Y esta angustia económica va a producir un aumento en el descontento social. Ya ha habido protestas furiosas de los obreros fabriles despedidos en el delta del Río Perla, la principal región china de manufactura ligera para los mercados del Primer Mundo. Lo que no sabemos ni podemos saber es si el aumento del descontento obrero desestabilizará la situación política. Eso está más allá del alcance de nuestro conocimiento actual.
La resurrección del keynesianismo
¿Qué es más probable que ocurra? Todo indica que éste será un declive económico mundial excepcionalmente grave y prolongado, especialmente duro en Estados Unidos y Gran Bretaña. Al nivel ideológico y, en menor medida, al nivel de las políticas de gobierno, vamos a ver, y ya estamos viéndolo, un giro de derecha a izquierda en el espectro político burgués: políticas fiscales basadas en el aumento del gasto deficitario, nacionalización parcial de los bancos y otras instituciones financieras, intentos de expandir y apretar la regulación de las transacciones financieras y cosas así.
El camarada Robertson y otros han observado que el monetarismo como doctrina quedó completamente desacreditado y que el keynesianismo está otra vez de moda. He encontrado más referencias positivas a John Maynard Keynes en la prensa financiera de lengua inglesa en las últimas seis semanas que en los últimos diez años. La camarada Blythe señaló que hay un mito liberal muy enraizado en Estados Unidos de que fue el New Deal de Franklin Roosevelt, basado en las doctrinas de Keynes, lo que sacó a Estados Unidos de la Gran Depresión de los años treinta. No, lo que sacó a Estados Unidos de la Depresión fue la expansión de las “obras públicas” durante la Segunda Guerra Mundial, y por “obras públicas” quiero decir tanques, bombarderos, portaaviones y la bomba atómica.
Ya hemos escrito sobre el keynesianismo en el pasado, desgraciadamente, en un pasado demasiado distante en términos de la historia de nuestra tendencia. Les recomiendo en particular tres textos. A principios de los años sesenta, Shane Mage, uno de los fundadores de nuestra tendencia, escribió una tesis doctoral, “La ‘ley de la tendencia decreciente en la tasa de ganancia’: Su lugar en el sistema teórico marxista y relevancia para la economía estadounidense” (Universidad de Columbia, 1963). Por cierto, su asesor de tesis fue Alexander Ehrlich, el autor de The Soviet Industrialization Debate 1924-1928 [El debate sobre la industrialización soviética, 1924-1928]. La obra de Mage contiene una sección en la que explica la diferencia entre el entendimiento de Marx y el de Keynes sobre cuál es la causa básica de los declives económicos. En el declive económico mundial de 1974-75, yo escribí un artículo llamado “Marx vs. Keynes” (WV No. 64, 14 de marzo de 1975, reimpreso en WV No. 932, 13 de marzo de 2009), que era en parte teórico y en parte empírico. Y en 1997-98, WV publicó una serie bajo el encabezado general “Wall Street y la guerra contra la clase obrera”. La tercera parte, “El New Deal de los años treinta y el reformismo sindical” (WV No. 679, 28 de noviembre de 1997), contiene un análisis de Keynes a nivel teórico y un análisis empírico de Estados Unidos durante los años treinta, las medidas reales del New Deal y los acontecimientos económicos de la Segunda Guerra Mundial.
Quiero concluir con un par de puntos en los que la situación actual difiere de la de los años treinta. Como ya he indicado, la situación actual es muy diferente en tanto que la enorme cantidad de deudas contractuales nominales y legales que no pueden pagarse supera por mucho, por grandes múltiplos, los recursos financieros de los gobiernos capitalistas. En Gran Bretaña y en Italia ya están teniendo dificultades para financiar los crecientes déficits presupuestales que resultaron de los diversos esquemas de rescate. El Financial Times (1º de diciembre de 2008) cita a Roger Brown, un analista financiero del banco suizo UBS, que señaló:
“Los gobiernos ya están teniendo problemas, lo que no presagia nada bueno viniendo poco después de la recapitalización [de los bancos] y del anuncio de que se necesitan más fondos adicionales.
“Debemos preguntarnos si habrá suficientes inversionistas para comprar los bonos, o al menos si esto no impulsará los rendimientos muy arriba para atraerlos.”
Así que todos estos esquemas de rescate pueden compensar cuando mucho una pequeña fracción de las pérdidas.
Lo segundo es que Estados Unidos está entrando en este profundo declive con una enorme deuda preexistente, que en gran parte pertenece a gobiernos e inversionistas del este asiático. Y esto pone un límite superior bastante estrecho a los gastos deficitarios adicionales. En su primer pronunciamiento después de las elecciones, Barack Obama trató de disminuir, no de alentar, las expectativas de que Estados Unidos volverá pronto a la “prosperidad”: “Lo he dicho antes y lo repito ahora: no va a ser rápido ni va a ser fácil para nosotros salir del agujero en el que estamos.” Así habló el nuevo jefe del ejecutivo del país capitalista más poderoso del mundo.
Así que ¿cuál es la solución? Es, como sabemos, una simple y radical. La clase obrera debe adueñarse de los recursos productivos de la sociedad —las fábricas, los sistemas de transporte, los sistemas de generación de energía eléctrica— de los capitalistas y, mediante el establecimiento de una economía planificada, usar estos recursos en el interés de la clase obrera y de la sociedad en su conjunto. Pero, para hacer eso, hace falta un partido político que represente los intereses de la clase obrera contra los de la clase capitalista. En Estados Unidos, un partido como ése también defendería los derechos e intereses de las minorías oprimidas negra y latina, lucharía por los derechos de los inmigrantes y todos los demás sectores oprimidos de la sociedad. Para construir un partido así, los obreros deben romper, en particular, con el Partido Demócrata, es decir, el más liberal, o el que suena más liberal, de los partidos del capitalismo esta- dounidense. También es necesario deshacerse de la burocracia sindical procapitalista existente y remplazarla con una dirigencia que luche por los intereses de los obreros y, otra vez, de todos los oprimidos. Y sólo cuando eso haya ocurrido será posible llevar a cabo un principio básico, a saber, que quienes trabajan deben gobernar.■
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/31/crisis.html
submitted by ShaunaDorothy to Espartaco [link] [comments]


2015.10.11 13:40 qryq Rusia implacable con los yihadistas.

Los cazas rusos han realizado 67 nuevos vuelos, destruyendo a 60 objetivos del Estado Islámico en Siria. Asimismo, eliminaron a 2 comandantes y 200 combatientes del grupo yihadista, informó el Estado Mayor de Rusia.
<>, ha afirmado el subjefe del Estado Mayor de Rusia, el teniente general Ígor Mákushev, citado por RIA Novosti. En general, los aviones han realizado 67 vuelos desde la base aérea Jmeimim que alberga a los militares rusos que llevan a cabo las misiones en Siria, en el marco de la operación antiterrorista en el país.
Por otra parte, <>, informó el militar.
A lo largo de la operación, las Fuerzas Aéreas rusas destruyeron en Siria un taller de reparación de vehículos blindados, 17 unidades de equipamiento militar y 2 sistemas de lanzacohetes múltiples, entre otros elementos. Se reporta que los ataques fueron dirigidos contra los mandos de control, centros de entrenamiento y centros de comunicación de los terroristas en las provincias Raqqa, Latakia, Hama, Idlib y Alepo.
Ataque aéreo contra una base del Estado Islámico camuflada en los bosques de Siria
El segundo video refleja la ofensiva aérea contra la base de entrenamiento que los terroristas poseían en una zona boscosa cerca de la localidad de Mgayriya, en la provincia siria de Latakia. <>, confirman las autoridades rusas.
En el siguiente documento gráfico, la aviación rusa ataca las fortificaciones de los terroristas cerca de Tertiyah. La explosión de las municiones y el incendio del combustible provocó la destrucción completa del equipamiento militar terrorista en la zona.
En el último video, una bomba de la Fuerza Aérea rusa alcanza una base que el Estado Islámico había camuflado en un bosque, también cerca de Tertiyah. <>, finaliza el Ministerio de Defensa de Rusia.
El Ejército sirio carga contra los terroristas del EI por tierra y aire. Rusia advierte a los países cómplices del terrorismo yihadista
Con helicópteros de combate, tanques y baterías de artillería, el Ejército de Siria ha reanudado con más fuerza que nunca su ofensiva contra los terroristas del Estado Islámico (EI) en la provincia de Hama, gracias a que las acciones de la Fuerza Aérea de Rusia ha debilitado sustancialmente al grupo terrorista en tan solo una semana.
El Ejército sirio ha comenzado a bombardear posiciones de los grupos terroristas ubicados en el límite entre las provincias de Hama e Idlib, cerca de varios asentamientos. El fuego se lleva a cabo simultáneamente con varias baterías de sistemas de artillería de diferente calibre y del sistema Grad, a lo que se añaden los bombardeos desde helicópteros de combate.
Asimismo, el jefe del Estado Mayor sirio, Alí Abdulá Ayub, ha anunciado que los ataques aéreos rusos contra los objetivos del Estado Islámico han socavado la capacidad combativa del grupo terrorista. Rusia emprendió el operativo antiterrorista en Siria el pasado 30 de septiembre a petición del presidente Bashar al-Assad. Según el Ministerio ruso de Defensa, su Fuerza Aérea ya ha causado daños significativos en el sistema de mando y la logística de los terroristas suicidas.
El Estado Islámico mata a un alto comandante iraní en Siria
El general de brigada Hossein Hamedani ha sido asesinado a manos de milicianos del grupo terrorista Estado Islámico en las afueras de la ciudad siria de Alepo durante la noche de este jueves, afirman en un comunicado los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica.
El grupo yihadista Estado Islámico ha asesinado al alto comandante iraní Hossein Hamedani mientras se encontraba dando asesoramiento militar al Ejército sirio en su lucha contra los militantes Takfiris en el país árabe, informa la agencia iraní IRNA.
<>, reza el comunicado de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica.
Tras reunirse en Damasco con el presidente sirio a principios del mes de septiembre, el viceministro de Asuntos Exteriores iraní, Hosein Amir Abdollahian, afirmó que el mandatario Bashar Al Assad juega un rol esencial para que termine la violencia en la región. El alto funcionario iraní recalcó que no hay alternativa para acabar con la guerra civil sin contar con Assad y aseguró que Irán no escatimaría esfuerzos para lograr la estabilidad en Siria.
Así es la táctica usada por Rusia en su operativo contra el Estado Islámico en Siria
Rusia sigue atacando las posiciones del Estado Islámico en Siria con gran intensidad y eficacia. El operativo antiterrorista comenzó el 30 de septiembre y en poco más de una semana se han llevado a cabo 120 vuelos de combate que destruyeron 110 objetivos, según el Ministerio ruso de Defensa.
La Fuerza Aérea de Rusia, que activó el 30 de septiembre su operativo antiterrorista en Siria, ataca nudos de comunicaciones de los combatientes del Estado Islámico, sus sedes y presuntos dispositivos de armas y municiones, combustible y alimentos.
Además, las fuerzas aeroespaciales rusas bombardean vehículos, muchos de los cuales pertenecían antes al ejército iraquí o las fuerzas armadas sirias, o se encontraban en almacenes estadounidenses desde la guerra en Irak.
El número de vuelos de combate realizados indica que se utiliza la táctica de guerra rápida Murad Gazdíev, que se encuentra en la base aérea de las fuerzas aéreas rusas en Siria.
Los ataques no solo se llevan a cabo por medio de cazas, sino también de buques. El 7 de octubre cuatro buques de la Flotilla rusa del mar Caspio lanzaron 26 misiles de crucero navales Kalibr contra infraestructuras del Estado Islámico en Siria, destruyendo 11 objetivos.
Advertencias rusas a los patrocinadores del terrorismo en Siria
Según el periódico “Opinión Hoy” de Kuwait, Rusia ha enviado mensajes a algunos países patrocinadores del terrorismo, como Arabia Saudí y Qatar, advirtiéndoles de serias consecuencias en el caso de que suministren a los grupos terroristas en Siria misiles antiaéreos portátiles, siguiendo así el escenario ocurrido en Afganistán en la década de 1980.
Cabe señalar, señala el periódico, que el liderazgo ruso considera la lucha contra los militantes en Siria, como un tema de seguridad nacional para Rusia y esto se refleja en la unanimidad alcanzada por todos los parlamentarios y medios rusos a esta intervención, que ha sido pedida por las autoridades sirias de acuerdo a las reglas del Derecho Internacional.
Esta intervención busca impedir que los grupos terroristas avancen más en Siria, el principal aliado de Rusia en Oriente Medio, y restaurar la influencia rusa en la región en su conjunto.
Este mensaje fue también una respuesta a la declaración de 55 clérigos wahabíes saudíes en favor de una “yihad” contra los militares rusos en Siria. Este anuncio resultó embarazoso para el gobierno saudí, que teme las consecuencias de tal declaración, que apoya abiertamente a los grupos terroristas en Siria.
Los círculos oficiales saudíes están manteniendo un silencio total sobre la intervención de Rusia en Siria con el fin de evitar un choque con Moscú en un momento en el que Arabia Saudí está empantanada en la guerra de Yemen y sufre una grave crisis financiera, incluyendo un aumento del déficit presupuestario, como consecuencia de su implicación en este conflicto y la caída en los precios del petróleo.
El liderazgo saudí es muy consciente de que el actual escenario es muy diferente al de la guerra de Afganistán contra los soviéticos de hace 35 años. En primer lugar Rusia es un estado avanzado tecnológicamente y gobernado por un presidente competente y muy popular, Vladimir Putin, diferente a los antiguos dirigentes soviéticos. Rusia ya no es tampoco un estado que exporta la ideología comunista y en Rusia hay libertad religiosa, así que los saudíes no pueden utilizar el arma de la religión contra Moscú.
De momento y llevadas por el temor, las autoridades saudíes han amenazado con procesar a todos los clérigos saudíes que realizaron el llamamiento con el argumento que éste habría violado la orden real que prohíbe a los saudíes luchar en lugares de conflicto. Entre ellos hay, sin embargo, algunas personalidades importantes del establishment religioso saudí por lo que no cabe esperar que el régimen de Riad vaya más allá de estas advertencias.
La advertencia a Turquía vino en forma de gesto militar consistente en la penetración de aviones rusos en dos ocasiones en el espacio aéreo turco. Esto fue algo deliberado, según la OTAN. Si esto fuera cierto, se trataría, sin duda, de una advertencia clara. Algunos observadores turcos han señalado que se trató de un mensaje al gran patrocinador del terrorismo en Siria, el presidente Recep Tayyip Erdogan, para que permanezca calmado y revierta su intervencionismo en Siria, que se traduce en el permiso a los terroristas para que pasen, ellos y sus armas, por el territorio turco y crucen la frontera hacia Siria. Fue gracias a este apoyo que los grupos terroristas, como el Frente al Nusra, fueron capaces de tomar varias ciudades estratégicas, como Idleb y Yisr al Shugur.
Erdogan dudará mucho, sin embargo, antes de dar órdenes para derribar cualquier avión ruso, como hizo con un avión sirio que penetró en el espacio aéreo turco hace unos meses.
Putin ha hecho más en Siria en dos semanas que Obama en dos años
El presidente del Comité de Exteriores de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Ed Royce, cree que Rusia ha dado más pasos en Siria en las dos últimas semanas que Estados Unidos en los dos últimos años.
<>, declaró Ed Royce citado por 'The Washington Times'. Según el presidente del Comité, los rusos <>.
<> dijo.
El 30 de septiembre Rusia anunció la entrada en Siria de sus Fuerzas Aéreas para ayudar al presidente sirio, Bashar al-Assad, a combatir al movimiento terrorista del Estado Islámico. Además, este miércoles Rusia lanzó sus nuevos misiles de crucero de alta precisión contra elementos de infraestructura del Estado Islámico en Siria, destruyendo 11 objetivos.
Estados Unidos ha admitido su derrota en Oriente Medio
Los últimos pasos de la política exterior de Barack Obama —una crítica dura a Israel, un 'coqueteo' con Irán y negociaciones con el Estado Islámico— sugieren que Estados Unidos parece haber admitido la derrota en la lucha contra el terrorismo islamista y ahora está pensando en cómo mitigar los efectos, sostiene el politólogo y periodista ruso Antón Krylov.
El politólogo y periodista ruso Antón Krylov escribe en un artículo para 'Vzglyad' que si se suman las críticas de EE.UU. a Israel, el 'coqueteo' con Irán, la visita urgente de Barack Obama al nuevo rey saudí y la falta de oposición real al Estado Islámico, <>.
Casi todo el tiempo desde el fin de la política aislacionista, explica él, EE.UU. intervino en los asuntos de otros países sólo si había un 100% de garantía de una victoria fácil. Sin embargo, <>, señala. Como ejemplos, el columnista cita el desembarco de Normandía, cuando la derrota de Hitler a manos de la Unión Soviética ya era inevitable, o los casos de Cuba, Corea del Norte e Irán, países a los que los norteamericanos presionaron, pero tenían miedo de atacar.
El grupo terrorista Estado Islámico, con el que EE.UU. estuvo negociando y quizás lo sigue haciendo, además de cometer asesinatos regulares de rehenes europeos, mata a miles de residentes locales en Siria e Irak y comete un genocidio de yazidíes. Sin embargo, EE.UU. no emprende ninguna acción real, y es que antes, <>, recalca el periodista.
Por un lado, el director de la CIA, John Brennan, anuncia que <>. Sin embargo, cuando el grupo terrorista publicó en línea domicilios y fotografías de 100 soldados estadounidenses, EE.UU. se tomó en serio la amenaza.
<>.
<>, concluye.
General iraní: <>
<>, ha declarado un general iraní.
Las afirmaciones de CNN sobre la supuesta caída de misiles rusos en territorio iraní son una mentira y parte de una guerra psicológica, ha anunciado el general de brigada iraní Moussa Kamali, citado por Ria Novosti. Asimismo, el general ha anunciado que si Occidente tuviera pruebas de lo ocurrido, las mostraría con toda seguridad.
<>, ha declarado Kamali sobre los reportes del supuesto impacto de cuatro misiles de crucero rusos en este país. <>, ha denunciado el militar.
Si los que hacen estas afirmaciones <>, ha insistido Kamali.
<>, ha señalado el general.
El jueves la cadena CNN y varias agencias de noticias habían informado, sin citar sus fuentes, que según EE.UU. cuatro misiles de crucero rusos, lanzados desde el mar Caspio hacia Siria, habían explotado en el territorio de Irán.
Análisis: PORQUÉ YA FRACASÓ LA ESTRATEGIA IMPERIAL CON EL TERRORISMO
La exitosa intervención militar rusa deja SIN SUSTENTO a la estrategia USA-OTAN con el terrorismo en Siria. EEUU y las potencias imperiales JAMÁS OPERARON MILITARMENTE contra las fuerzas terroristas (que ellos mismos entrenaron y enviaron a Siria). Eso explica porque en CASI UN AÑO de supuestos bombardeos de EEUU y sus socios contra Estado Islámico no le produjeron NINGÚN DAÑO a esa organización inventada por la CIA. Y explica porqué prácticamente en solo DIEZ DÍAS el poderío aéreo ruso convirtió en CENIZAS más del 60% de la estructura operativa de Estado Islámico y el resto del terrorismo en Siria.
EEUU JAMÁS ATACÓ A ESTADO ISLÁMICO
Y grafica claramente porque el poderío aéreo ruso en solo DIEZ DÍAS de operaciones aéreas intensivas ya convirtió en CENIZAS más del 60% de la INFRAESTRUCTURA Y CAPACIDAD MILITAR de Estado Islámico y las organizaciones terroristas (en las últimas 24 horas cazas Su-34M y Su-25SM atacaron 60 objetivos terroristas matando a 200 yihadistas y dos comandantes, según el Estado Mayor ruso).
Y la CONCLUSIÓN es sencilla. EEUU y sus aliados JAMÁS ATACARON al Estado Islámico y al resto de los mercenarios. Por el contrario, sus operaciones aéreas estuvieron dirigidas a dar COBERTURA Y APOYO encubierto al yihadismo terrorista (con alimentos, medicina y logística lanzados desde el aire).
Y como segundo objetivo central los bombardeos de EEUU y sus secuaces se dedicaron a destruir en forma encubierta INFRAESTRUCTURA, SERVICIOS Y ÁREAS VITALES DE LA ECONOMÍA SIRIA para debilitar y ayudar al DERROCAMIENTO del gobierno de Bashar Al Assad.
EL PRIMER FRACASO
Después del primer FRACASO del terrorismo imperial en 2014 (y con el ejército sirio todavía fortificado), EEUU y las potencias imperiales sacaron de la manga un ATENTADO CON ARMAS QUÍMICAS culpando al gobierno sirio de la muerte de centenares de civiles, entre ellos mujeres y niños.
La operación encubierta dio sustento argumental para un pedido de INTERVENCIÓN MILITAR DE LA OTAN que se FRUSTRÓ en el Consejo de Seguridad de la ONU por el veto de Rusia y China. Obama intentó lanzar un BOMBARDEO UNILATERAL para terminar con la estructura militar del gobierno sirio, pero sus socios europeos y el propio Congreso de EEUU lo dejaron SOLO, AISLADO Y DERROTADO.
LA JUGADA IMPERIAL CON ESTADO ISLÁMICO
Finalmente, a principios de este año Washington (y como nuevo diseño estratégico) sacó de la manga la carta ESTADO ISLÁMICO (un producto de la CIA que venía a suceder en el tiempo a Bin Laden y Al Qaeda).
Y nació LEYENDA DEL TERRORISMO INDESTRUCTIBLE de Estado Islámico. Al que las usinas mediáticas de la CIA y el Pentágono convirtieron en la "MAYOR AMENAZA PARA LA HUMANIDAD".
Paralelamente se desarrolló una acción mediática y publicitaria (para promocionar el "terror" de la facción terrorista) montada sobre las FALSAS DECAPITACIONES en cámara de estadounidenses que fueron difundidas a escala planetaria.
Y mediante el MIEDO AL ESTADO ISLÁMICO EEUU y sus satélites europeos lanzaron una nueva estrategia de INTERVENCIÓN MILITAR ENCUBIERTA en Siria, Irak y Medio Oriente. Con la excusa de BOMBARDEAR al Estado Islámico, EEUU y la coalición imperial se apoderaron del espacio aéreo sirio e iraquí, y crearon de hecho una ZONA DE EXCLUSIÓN AÉREA en todo Medio Oriente.
Y los bombardeos (como ya se explicó más arriba) no se ejecutaron contra el Estado Islámico y los grupos mercenarios, sino contra la INFRAESTRUCTURA SIRIA. Para dar cobertura aérea y logística a los grupos terroristas que intentan derrocar al gobierno sirio.
LA IRRUPCIÓN DE RUSIA EN EL TABLERO
Finalmente la DEMOLEDORA INTERVENCIÓN MILITAR RUSA contra el terrorismo desarticuló la estrategia imperial y creó un NUEVO STATU QUO de relaciones de fuerza en el tablero geopolítico y militar sirio.
Rusia en una precisa movida de ajedrez de Putin, pasó a dominar y a CONTROLAR el espacio aéreo sirio.
Terminó en solo diez días con la leyenda manipuladora de ESTADO ISLÁMICO INDESTRUCTIBLE. Y creó su propia ZONA DE EXCLUSIÓN AÉREA, advirtiendo a EEUU y a sus aliados que no INTERFIERAN en sus operaciones contra el terrorismo.
Y como acción DISUASIVA el mando militar ruso desplegó por sorpresa al poderoso crucero Moskva, equipado con los temibles MISILES ANTIAÉREOS S-300 frente a la ciudad costera de Latakia, en Siria.
Frente al poderío neutralizador y destructivo de estos misiles (llamados "cazadores de aviones") los modelos de caza bombarderos de EEUU, Israel y las potencias europeas que actúan en la zona, casi no tienen oportunidad.
En este resumen se condensa el famoso HECHO CONSUMADO de Putin. Que DESARTICULÓ LA ESTRATEGIA IMPERIAL en Siria, y comenzó un proceso militar de EXTERMINIO MASIVO de los grupos terroristas. Que ya CAMBIÓ EL MAPA geopolítico y militar estratégico de Siria y Medio Oriente. Y del cual Washington y sus satélites imperiales todavía no se pueden reponer.
submitted by qryq to podemos [link] [comments]


10 Lecciones de Sabiduría de Salomón el hombre Más Rico y ... Las 150 reglas para tomar el poder! - YouTube Reglas de urbanidad ¿sigue usted las básicas? - YouTube Disciplina Militar Del Ejercito Colombiano Políticas - YouTube Primeros días de haber entrado a la militar de los Estados ... Así Es La Vida De Los Militares De Corea Del Sur 🇰🇷 - YouTube

Reglas De Las Tres Citas - seguridad social cita previa ...

  1. 10 Lecciones de Sabiduría de Salomón el hombre Más Rico y ...
  2. Las 150 reglas para tomar el poder! - YouTube
  3. Reglas de urbanidad ¿sigue usted las básicas? - YouTube
  4. Disciplina Militar Del Ejercito Colombiano
  5. Políticas - YouTube
  6. Primeros días de haber entrado a la militar de los Estados ...
  7. Así Es La Vida De Los Militares De Corea Del Sur 🇰🇷 - YouTube
  8. Las frases celebres mas impactantes de los militares

Mi Facebook https://www.facebook.com/ElCrazyAndy Mi instagram: https://www.instagram.com/elcrazyandy Aquí les muestro un video de los primeros días que pasam... normas de urbanidad y buenas maneras en la casa, en la escuela, en la calle, en todos lados usted debe seguir estas sencillas reglas para hacer del lugar en ... Así Es La Vida De Los Militares De Corea Del Sur. Corea Del Sur requiere por ley que todos sus ciudadanos varones sirvan en el ejército durante 2 años. ¿Cóm... Las frases celebres mas impactantes de los militares ... Recuerda seguir las reglas de YouTube en tus videos y no te preocupes si tu video tiene la franja del demo de Filmora9! ... Las 10 Peores y ... El objetivo de YouTube es conseguir que todas las personas puedan expresarse y darse a conocer. Obtén más información sobre la marca, la comunidad, las oportunidades de empleo y mucho más. La jugada maestra de Putin y China para acabar con la hegemonía de EE.UU.: 'Game Over' - Duration: 19:00. TOP DE IMPACTO Recommended for you El Rey Salomón es el hombre más rico y sabio según la biblia. Atrae Prosperidad, abundancia y riqueza. Salomón Fue el segundo hijo del rey David y Betsabé. C... Nuevo Vídeo. https://youtu.be/lG_RsGzU3kY La vida universitaria, de oficina y política. Tiene ciertas reglas y procesos que son infranqueables si se desea tr...